Desembarco en Jakobsland

Se cumplen mil años del ataque vikingo a Tui. Los nórdicos querían asentarse en Galicia para dominar la península

14.05.2013 | 18:04
Un drakkar vikingo en una imagen de la película "Outlander". / FdV
Un drakkar vikingo en una imagen de la película "Outlander". / FdV

A furore normannorum libera nos, Domine! Hace mil años, Galicia sufrió una de las más devastadoras incursiones de los vikingos. En el año 1014, sus drakkar remontaron el curso del río Miño y arrasaron Tui, conocida en las sagas nórdicas como Gunnvaldsborg, la ciudad de Gonzalo. En el ataque a la sede episcopal, los hombres del Norte destruyeron la villa y capturaron a su obispo Alfonso y a los nobles. Curiosamente, las tropas vikingas estaban comandadas por Olaf Haraldsson, que poco después se convirtió al cristianismo, fue rey de Noruega y llegó a ser canonizado.

Tras asolar Tui, los guerreros nórdicos prosiguieron su avance por el río Miño, llegando hasta Ourense y a la localidad lucense de Ribas de Sil. Las consecuencias del ataque fueron desastrosas para toda la comarca tudense. El rescate del obispo y los nobles costó 12.000 piezas de oro, pero además Tui perdió la sede episcopal. Como señala Avelino Bouzón, archivero de la catedral, tras la invasión de 1014 la diócesis quedó unida a la de Santiago de Compostela durante casi sesenta años. Cuando en 1071 el rey don García y su hermana doña Urraca restauraron con sus donaciones la ciudad, el obispo Gregorio (o Jorge) convirtió nuevamente la iglesia de San Bartolomé en sede episcopal, residiendo allí con los monjes benedictinos hasta que en 1179 el obispo Beltrán traslada su residencia a las inmediaciones donde en la actualidad se halla la catedral. Y es que otra consecuencia del ataque vikingo fue que Tui dejó de ser un núcleo comercial en torno al puerto fluvial para agruparse a la defensiva en una colina junto a la nueva catedral.

El asalto a Tui fue una de las últimas incursiones en Galicia de los temidos guerreros escandinavos, que habían aterrorizado nuestras costas desde dos siglos antes. También Santiago de Compostela fue objeto de saqueos y pillajes. Como apunta Francisco Narla, autor del libro "Assur", "Galicia fue uno de los principales objetivos de los vikingos. En plena Reconquista, siglo X, era el baluarte de la cristiandad y refugio de los tesoros de la iglesia y la corona. Atraídos por el oro compostelano, los vikingos hicieron cinco o seis grandes expediciones para saquearla". Una curiosa prueba de la influencia gallega en Escandinavia es esta significativa expresión encontrada en textos nórdicos de la Edad Media: "No quisiera yo eso ni por todo el oro de Galicia".

Además del oro, los vikingos pretendían convertir Galicia en una segunda Normandía desde la que extender sus dominios al resto de la península Ibérica y llegar incluso al Mediterráneo. En la Mariña lucense -en la playa de San Román de O Vicedo- se encuentran los vestigios del único asentamiento vikingo hallado en España: Os Mountillós.

En las fuentes escandinavas la presencia vikinga en tierras gallegas se documenta a partir de las sagas, relatos escritos en el siglo XII sobre las expediciones que realizaron. La más conocida referencia a Galicia como Tierra de Santiago (Jakobsland) se encuentra en la Historia de los Reyes de Noruega (Heimskringla) de Snorri Sturluson. "Galicia aparece ya como una entidad propia y diferenciada en el imaginario nórdico de la época", explica el vigués Jorge Simón Izquierdo Díaz, autor del libro "Os viquingos en Galicia" (Edicións Lóstrego). Desde que los vikingos se asentaron en Normandía, "Galicia se convirtió en un punto de avituallamiento natural en la ruta Oeste de las navegantes nórdicos", añade Izquierdo, profesor de Gramática Española en la Universidad danesa de Aarhus.

Galicia fue el lugar de España donde más importancia tuvo la presencia vikinga. Tanto es así que además del término Jakobsland, rebautizaron con palabras escandinavas diversos lugares de nuestra geografía para poder hablar de ellos en su historia, como se observa en la Saga del rey Olaf de Snorri.

La primera noticia histórica de la llegada de los vikingos a Galicia se encuentra en los Annales Bertiniani, redactados en el año 861, y se remonta al mes de agosto del año 844, durante el reinado de Ramiro I, cuando una flota de unos 150 barcos de vikingos daneses saqueó algunas aldeas de la costa Norte, hasta que fueron rechazados en los alrededores del Farum Brecantium, es decir, la coruñesa Torre de Hércules, por las tropas del rey Ramiro I de Asturias.También se encuentran referencias históricas a la presencia de los guerreros escandinavos en tierras gallegas en la Crónica Albeldense (Chronicon Albeldense), un manuscrito anónimo redactado en latín y finalizado en el 881. En él se lee que "en aquel tiempo los normandos vinieron de nuevo a las costas de Galicia, donde fueron derrotados por el conde Pedro".

Los tesoros de Compostela

Alude esa referencia a la invasión vikinga del año 858, durante el reinado de Ordoño I, cuando apareció en las costas gallegas una flota vikinga, compuesta de cien naves, que se dirigió hacia la ría de Arousa. Tras saquear la diócesis de Iria Flavia, los vikingos llegaron hasta Santiago de Compostela y pusieron sitio la ciudad del Apóstol. Aunque los habitantes pagaron un tributo para evitar el saqueo, los hombres del Norte continuaron con el asedio a la ciudad, hasta que el sitio fue levantado por un ejército dirigido por el conde Pedro, que los derrotó, destruyendo 38 de sus barcos. Los normandos supervivientes se dirigieron hacia el sur de la costa gallega, saqueando las poblaciones a su paso. Como consecuencia de esta expedición la sede episcopal de Iria Flavia se trasladó a Santiago de Compostela.

El episodio del que se conserva una mayor información es el de la denominada "incursión de Gunderedo", datada en el año 968, durante el reinado de Ramiro III, monarca de Asturias y Galicia. Según la Crónica de Sampiro fue una gran expedición de normandos franceses, noruegos y daneses, formada por cien barcos. Al mando del caudillo Gunderedo, hijo del hermano del rey danés Harald, los vikingos se adentraron en la ría de Arousa, desembarcaron en el puerto de Juncarice (Xunqueira) y se dispusieron a dirigirse a pie hasta Santiago de Compostela, atraídos por los tesoros del templo que precedió a la actual catedral.

Como señala Francisco Narla, las peregrinaciones a Santiago se habían convertido en un referente religioso y se corrió por todo el orbe la fama de las riquezas de Galicia generadas por la concentración del poder religiosos en los monasterios del Camino y en su meta final, Compostela. Ante las mismísimas puertas de Compostela, las tropas de Gunderedo se detuvieron a la espera de acontecimientos porque, en contra de la fama que se les atribuye, eran también grandes negociadores, como afirma el profesor Izquierdo Díaz. De la defensa de Santiago se hizo cargo el obispo Sisnando II, que falleció de un flechazo en una batalla que tuvo lugar en Fornelos (Teo).

Los hombres de Gunderedo continuaron por Galicia saqueando e incendiando pueblos hasta llegar a Lugo, O Courel y O Cebreiro; estuvieron en territorio gallego cerca de tres años. Finalmente decidieron ir a Santiago de nuevo para apoderarse de los restos del Apóstol pero fueron derrotados por un ejército al mando del conde Gonzalo Sánchez en las inmediaciones de Ferrol.

Posición estratégica

Como se apunta en el blog de Harald Wartooth, esta tercera invasión se cree que no tuvo los mismos intereses de mero pillaje de las anteriores sino que esta vez los vikingos pretendían crear una segunda Normandía. Por la posición estratégica de Galicia, si lograban asentarse definitivamente tendrían un buen puesto para seguir realizando ataques en el resto de la península en incluso otros lugares del Mediterráneo.

En Tui, además del ataque de 1014, los vikingos hicieron otras dos incursiones. Hacia el año 930 invadieron la localidad cuando era obispo Naustio, que se retiró al monasterio de Labruxe (Labrugia) gobernando desde allí la diócesis. Posteriormente, en la invasión de 970, los normandos obligaron al obispo de Tui Viliulfo a refugiarse en el monasterio de Ribas de Sil (Lugo).

Una de las últimas incursiones vikingas en Galicia la protagonizó Ulf, apodado "el gallego" precisamente por sus hazañas en nuestra tierra. La expedición tuvo lugar en el año 1028, durante el reinando de Bermudo III -otros autores la retrasan hasta 1048-, y en ella los vikingos asaltaron diversas poblaciones de la costa gallega, subiendo por la ría de Arosa, hasta que fue rechazada por el ejército del obispo Cresconio de Compostela, quien fortaleció la ría de Arousa edificando los Castellum Honesti, las Torres del Oeste (Catoira).

Los datos históricos se mezclan en ocasiones con las leyendas. Algunas de ellas más próximas en el tiempo de lo que parece. Así sucede, por ejemplo, con San Gonzalo, obispo de Bretoña (la actual Mondoñedo) que derrota a una flota normanda en el río Masma gracias a sus oraciones y a la ayuda de los ángeles. Aunque la leyenda ya existía, quien le dio forma fue la imaginación de Álvaro Cunqueiro, que narra el episodio en su obra "San Gonzalo" con su maestría habitual. "La onda viquinga -relata- anochece otra vez sobre la costa lucense. Un cielo de grandes nubes grises y pausadas viste de plomo el mar. Las aladas naves, cuyos mascarones de proa recuerdan el mito boreal del caballo odínico, se acercan a los estuarios celtas".

De los ataques a las peregrinaciones

Cuando cesaron las invasiones, la relación entre Galicia y Escandinavia pasó a ser amistosa, hasta el punto de que se sucedieron las peregrinaciones de personajes nórdicos para visitar la tumba del Apóstol. El primero que peregrinó a Compostela fue el propio el rey Sigurd de Noruega, en el otoño de 1108. La ruta del vestvegr (Camino del Oeste), que iba de Escandinavia hasta Galicia, llevaba 8 días de travesía. Otros peregrinos de renombre fueron Santa Brígida de Suecia y San André de Slagelse, de Dinamarca.

Los nórdicos aprovechaban también su participación en las cruzadas para honrar el sarcófago del Apóstol, iniciando el viaje a comienzos del otoño y pasando el invierno en Galicia. La influencia de las peregrinaciones a Galicia caló hondo en Escandinavia, donde quedaron numerosas huellas tanto en la literatura como en los libros de historia, pero sobre todo en el culto al apóstol Santiago.

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