La importancia de llamarse Francisco

15.03.2013 | 08:27

La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) concluyó ayer que "Francisco", y no "Francisco I", es el nombre oficial del nuevo Papa. De acuerdo con la tradición vaticana, y tal como explicó el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, cuando un Pontífice elige un nombre que no ha llevado ninguno de sus predecesores no se le añade el ordinal "primero". Éste sólo empieza a utilizarse cuando otro Papa adopta ese mismo nombre. De ese modo, el actual pontífice será "Francisco" hasta que alguno de sus sucesores decida tomar el nombre de "Francisco II". A partir de entonces, será llamado "Francisco I".

Sin embargo, en las primeras horas del nuevo papado se empleó la denominación "Francisco I", probablemente porque la tradición que elimina el ordinal en los papas con un nombre no empleado hasta ese momento se rompió en 1978 cuando el cardenal Luciani, que eligió por primera vez un nombre compuesto, añadió desde el momento de su proclamación el ordinal y fue llamado Juan Pablo I.

Entre tanto, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, aclaró ayer que "hablar de Francisco I recuerda a tiempos en los que el rey de Francia fue derrotado por el emperador Carlos V (y I de España) y no conviene hacer asociaciones en este sentido", precisó el purpurado. Rouco explicó que "el cardenal Bergoglio, cuando fue elegido, hizo una explicación muy sencilla, pero no se puede decir hasta que lo difunda la Santa Sede, aunque hace clara alusión a Francisco de Asís".

Mercurio fue Juan

La costumbre del cambio de nombre de los Papas en el momento de su elección está inspirado en el pasaje evangélico en el que Jesús cambia del nombre a Pedro y le llama Cefas, roca. Y es que, entre los judíos, el cambio de nombre significaba la asignación de una misión importante. Sin embargo, en los primeros siglos del cristianismo, los Papas, igual que los emperadores, se hacían llamar por su propio nombre: Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, Sotero, Eleuterio... El primero que se cambió de nombre por obligación fue Juan II (533-535).

 
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