SANDRA PENELAS
El funcionamiento del organismo puede traducirse en conceptos matemáticos que ayudan además a predecir su comportamiento en determinadas circunstancias. En esta joven disciplina conocida como biología de sistemas se enmarca el trabajo de la investigadora viguesa Miriam Rodríguez (Ourense, 1978), que estudia las causas del párkinson en el Instituto Hamilton de Maynooth, en Irlanda. Parte de su labor diaria transcurre frente al ordenador, pero no de forma exclusiva: "La potencia de cálculo de las computadoras es increíble, pero también utilizamos papel y bolígrafo para desarrollar otro tipo de matemáticas más centradas en las estructuras de las ecuaciones y en las que, a menudo, ni siquiera hay números".
A través de estas técnicas matemáticas, Miriam persigue la elaboración de modelos de las zonas del cerebro implicadas en el párkinson y que en el futuro serán de ayuda para biólogos y médicos. Una de sus líneas de estudio está relacionada con la estimulación profunda y a alta frecuencia, que es capaz de eliminar ciertos síntomas de la enfermedad como los temblores. "La técnica también funciona con otras dolencias, como la depresión, si se utiliza en otras partes del cerebro, pero el problema es que no sabemos por qué es efectiva y, por tanto, es difícil mejorarla", explica.
Por ello, la experta utiliza modelos matemáticos para plantear hipótesis y tratar de descubrir qué mecanismos activa esta estimulación profunda, lo que también arrojaría luz sobre nuestro complejo cerebro.
El segundo enfoque de su investigación está relacionado con las neuronas que tienen una mayor tendencia a morir: "Nuestra hipótesis es que el sistema metabólico funciona peor porque tiene carencias de energía e intentamos analizar qué factores influirían en esta pérdida".
Por ahora, los resultados obtenidos son prometedores, aunque Miriam recuerda que la necesaria validación de sus hipótesis, que correspondería a neurólogos y a otros expertos del área experimental, es una labor que requiere de varios años.
Miriam se decantó por la ciencia de la lógica y el razonamiento en los últimos cursos de la carrera de Química, que estudió en el campus vigués, y se doctoró en Matemática Aplicada con una tesis realizada dentro del grupo de Ingeniería de Procesos del Instituto de Investigaciones Marinas-CSIC sobre cómo optimizar el proceso de esterilización de las latas de atún.
Desde hace cuatro años forma parte de la plantilla científica del Instituto Hamilton, un centro creado en 2001 dentro de la Universidad Nacional de Irlanda para tender puentes entre las matemáticas, la biología y diferentes tecnologías, entre ellas, las implicadas en la robótica.
Es la única gallega, y hasta hace poco la única española, en un ambiente multicultural que se nutrió de expertos internacionales durante la época en la que el país era conocido como "el tigre celta", pero Miriam comenta que la presencia de investigadores locales ha ido en aumento. "La crisis ha provocado un empeoramiento del estado de bienestar. Tienes que pagar por llamar a los bomberos, por ejemplo, y muchos científicos extranjeros se están marchando", apunta.
Aun así, el Gobierno irlandés no aplica la misma política de limitar la inversión en I+D que parece haberse instalado en nuestro país. "A mí me han bajado el sueldo varias veces pero se intenta mantener el esfuerzo. Me resulta curioso que España, tras los fallos de su economía y que, en parte, la han conducido a la crisis actual, recorte en investigación", ironiza.
A pesar del absorbente horario que requiere la ciencia, Miriam no renuncia al activismo social y, tras el surgimiento del 15-M español, participó en la creación del equivalente irlandés del colectivo Democracia Real Ya. "Si cada uno de nosotros, en vez de protestar, aportásemos nuestro granito de arena en hacer algo todo funcionaría mejor", sostiene convencida.
En este sentido, asegura que el carácter de los gallegos y de los irlandeses se parecen: "Son muy buenas personas, encantadores e increíbles a la hora de ayudarte, pero cuando hay un problema protestan mucho en el pub pero luego aguantan o emigran".
Una de las características del país celta que más le gusta es su amor por la música y Miriam, que ya hacía sus pinitos con la guitarra y la flauta, "desconecta" del laboratorio mientras aprende a tocar el violín en un grupo de aficionados junto a su pareja, un químico vigués llamado Jesús. Muchas de las melodías que entonan, asegura, evocan canciones tradicionales gallegas.