MAR MATO/CARMEN VILLAR
Francisco Carballo, historiador y teólogo que ahora vive en Marín, no cree que ciencia y fe sean incompatibles. Aplaude el desarrollo de la primera pero cree que la segunda ofrece un convencimiento íntimo.
–¿Qué piensa de lo que defiende Hawking?
–Conociendo sus obras, no me extraña. Pero lo cierto es que el problema de Dios no brota de la ciencia, del razonamiento científico. Cuando aceptamos la existencia de un creador es por darnos cuenta de que somos criaturas y necesitamos un apoyo que dé sentido a la vida. Pero ese no es un problema de análisis científico, sino existencial.
–Hawking sostiene que un creador no hace falta.
–Hay personas que reaccionan así, pero otros lo hacemos de otra manera, no tanto ante la contemplación de los astros y de la realidad del cosmos, sino ante la situación personal.
–¿Perjudica la ciencia a la fe?
–La situación de una cultura de ciencia que tenemos ahora es una situación más a propósito para la fe cristiana que la anterior, en el sentido de que la ciencia, según lo que dice Hawking, no nos da satisfacción. Sí, podemos decir efectivamente que eso no necesita un creador, pero a nivel íntimo eso no nos convence, creo que la ciencia nos deja un poco desangelados, un poco inermes, un poco insatisfechos. Esa respuesta se nos viene enseguida a la cabeza, pero no creo que sea convincente. Pero la ciencia no estorba en absoluto. La ciencia es más favorable a una respuesta con fe que sin fe.
–¿Son compatibles ciencia y fe?
–La ciencia nos sitúa en una condición mejor que la de una cultura acientífica, pero no es convincente ni satisfactoria a la respuesta de qué hacemos aquí y la respuesta no va contra la ciencia, al contrario, me pide buscar más ciencia. Ciencia y fe no son incompatibles. Al contrario, son respuestas que parten de la busca del ser humano para explicar la realidad. Cuanto más ciencia, más hambre de una respuesta que satisfaga el sentido de la vida, pero encontrar ese sentido de la vida es un fenómeno de autoconciencia.