X. A. TABOADA - SANTIAGO
Durante media hora Santiago sólo estuvo iluminada por los fuegos del Apóstol. Miles de ojos los miraron y, entre ellos, los de los Reyes de España, que ayer llegaron a Compostela para hoy, Don Juan Carlos, leer la ofrenda en la catedral. Fueron poco más de 30 minutos de montaje audiovisual y fuegos artificiales que hicieron de la capital gallega la referencia para España de este tipo de espectáculos. No hay nada igual, ni por la variedad de los efectos pirotécnicos, ni por el marco monumental en el que se desarrolla ni por las posibilidades que ofrece la fachada de la catedral como un gran lienzo en el que proyectar imágenes.
Lo de ayer fue todo a lo grande, porque hasta dentro de once años no vuelve a ser jacobeo. El presupuesto más elevado de la historia, con 356.000 euros, 40.000 watios de sonido, otros 100.000 de potencia en las luces y 25.000 efectos pirotécnicos. Todo ello acompasando la proyección sobre la catedral de una alegoría que recorrió la historia, la cultura y las tradiciones de Galicia con continuas referencia, como no podía ser de otra forma, al Camino y al Apóstol.
Y las novedades introducidas ayer contribuyeron a dar más lustre a unos fuegos artificiales que están considerados no ya los mejores de España, sino de entre los diez más espectaculares de Europa. Las 3.000 bengalas de baja emisión de humo y combustión más eficiente permitieron contemplar mucho más limpio la obra diseñada por la pirotécnica valenciana Caballer. Y para redondear la faena, los fuegos de altura, los que desde más lejos se ven y más ruido provocan, se lanzaron esta vez desde las huertas del monasterio de San Martiño Pinario, más cerca del Obradoiro que en años anteriores, en los que se usaba la avenida de Xoán XXIII como plataforma de lanzamiento.
La visión no sólo mejoró para las miles de personas apiñadas en la plaza central de Santiago, sino también para las otras miles que buscaron puntos de observación menos céntricos. El Ayuntamiento calculó que en total serían unas 100.000 personas las que ayer ocuparon la ciudad durante la noche.
Claro que el mejor palco es la plaza del Obradoiro, el lugar donde mejor se escucha la música y se aprecia con detalle como los relieves y las sombras de la fachada catedralicia aportan un plus de magia al espectáculo. Los Reyes, en esta ocasión, lo observaron todo desde el Hostal dos Reis Católicos, cuando en años anteriores lo hacían desde las balconadas de la sede del Ayuntamiento.
Y a diferencia también de antaño, esta vez no habrá sesión única. Aunque en versión resumida, sin la quema de la fachada ni tantos fuegos de altura, se repetirá todos los días hasta el 31 a las once y media de la noche.