ALEJANDRO CERQUEIRA - VIGO
Yogures con soja, sushi y sake, la dieta del té rojo… si algo suena oriental y parece saludable, tenga por seguro que estará de moda. Por eso si, pongamos un ejemplo, el famoseo local empezase a practicar Tai Chi, no le sorprendería. Pero si llega a Samil, y se encuentra a los abuelos y abuelas de Vigo apartando la montaña con una mano, quizás no se lo creyese, pero debería.
Todos los lunes, miércoles y viernes, un grupo de entre 15 y 30 personas, muchas de ellas mayores, se reúne en la explanada de hierba de Samil situada enfrente del ya desaparecido restaurante As Dornas, para practicar durante una hora, de 8 a 9 de la tarde, las formas y ejercicios del Tai Chi.
La iniciativa, que se incluye dentro del Plan Salud del Concello de Vigo, es de libre participación; cualquiera que desee unirse sólo necesita acercarse hasta la zona para comenzar a practicar este arte marcial. Tampoco es necesario ningún tipo de preparación previa. Las clases están pensadas para ser afrontadas por todo tipo de alumnos.
Lucio Penedo, encargado de desarrollar esta actividad, explica la esencia de esta práctica aplicada a los mayores. "El Tai Chi está considerada un arte marcial, pero a diferencia de otras modalidades, como el Karate, el fin en este caso es la salud y no la defensa personal o el combate", afirma.
Lucio detalla cómo esta práctica se utiliza "como modo de gimnasia y para desarrollar el trabajo articular y el equilibrio". La particularidad es que se enfoca como "gimnasia divertida", comenta.
Pero, ¿por qué el Tai Chi y no el Karate, por poner un ejemplo? El profesor tiene la respuesta: "La particularidad del Tai Chi es que usa técnicas como la visualización y potencia la imaginación", cuenta. A diferencia de otras artes marciales, ésta en particular desarrolla "las dos partes del cerebro", puntualiza, "mientras que las demás sólo trabajan una".
Las clases comienzan con un calentamiento adaptado. El nombre se debe a que además de estirar los músculos también se potencia el equilibrio. Después, comienzan los ejercicios. El Tai Chi basa sus figuras en el movimiento: desde el momento en que se comienza no se para.
Melina Tapias es una de las alumnas de estas clases. La de ayer era su tercera sesión, por eso no destaca, aún, los beneficios físicos. Para ella, el Tai Chi es "muy relajante" y también una forma de socializar. "Hay convivencia, nos relacionamos entre nosotros y hacemos amistades, además, se hace a una hora fantástica", asegura.
Otros sí que se acercan a Samil para ejercitarse. Luis Prósper lleva practicando Tai Chi con el grupo desde que comenzó el verano. Recientemente fue operado de cáncer y estas clases le ayudan en la recuperación y a fortalecerse. "Antes hacía Judo –cuenta Luis–, pero lo tuve que dejar. Desde que vengo aquí [en referencia a las clases] me noto más fuerte, especialmente la zona del abdomen que es dónde me operaron".
Pero estos ejercicios no están sólo enfocados como gimnasia de mantenimiento. Las clases las conforman personas de todas las condiciones físicas. Carlos Luciarte, compagina los suaves movimientos de este arte marcial con sesiones de gimnasio "mucho más intensas", cuenta.
La clase se termina con más estiramientos y un aplauso. Mientras el grupo se despide, un alumno le comenta a otro que el Gallo sobre una pata no le sale muy bien. Tampoco importa, queda todo un verano de Tai Chi para mejorar.