M. VÁZQUEZ - VIGO
Tras el éxito de iniciativas como "todopatatas.com" y "daiqui.com", que demostraron que la compra-venta por internet de productos gallegos puede ser rentable, un nuevo portal on-line intenta dar un paso más y convencer a los productores de que abandonen los canales tadicionales de comercialización y aprovechen las nuevas tecnologías para acabar con los márgenes abusivos. "Cuando adquirimos un producto en el mercado final, ya experimentó un incremento del 1.500 por mil con respecto al dinero que recibe el producto en origen", resume Carlos Ferrás, coordinador del Grupo de Investigación Sociedade, Tecnoloxía e Territorio de la Universidade de Santiago que promovió esta plataforma gratuita de comercialización basándose, precisamente, en la necesidad de garantizar un "precio justo" para cada producto.
Bautizado como "granxafamiliar.com", el portal lleva un tiempo funcionando aunque prepara su despegue definitivo este año gracias a la puesta en marcha de una tienda on-line, aún en pruebas, y una empresa de procesado y envasado en Santiago a punto de empezar a comercializar sus primeras mermeladas. El germen de la iniciativa, con todo, surgió hace tres años como un "proyecto de investigación" sobre las economías familiares de Galicia e Irlanda. Después de visitar y entrevistar a más de 350 familias de ambas regiones, Carlos Ferrás explica que llegaron a la conclusión de que en Galicia existe una producción de autoconsumo fuera del mercado "valorada en 18.000 euros anuales por granja". "Ahí había negocio y se buscó cómo sacar ese producto al mercado", explica el coordinador del proyecto.
Pan, carne, licores y vino, mermeladas, miel, quesos, productos de la huerta... Todo lo que se cría o elabora en una granja familiar es susceptible de comercializarse por internet, aunque los productos que más éxito cosechan entre los internautas son los envasados. Madrid, Cataluña, Andalucía y Asturias son, por este orden, las comunidades que más recurren a los servicios de granxafamiliar.com, aunque Ferrás aclara que el consumidor también tiene la oportunidad, si lo desea, de cambiar el supermercado por la granja y comprar y hasta recoger por sí mismo los productos que se va a llevar a casa. Este programa de visitas a las explotaciones está siendo, según Carlos Ferrás, "todo un éxito" y solo el año pasado 600 escolares visitaron y aprendieron de primera mano cómo se vive en una granja y decenas de familias urbanitas pudieron conocer otra forma de vida.
En estos momentos, 22 granjas gallegas y 25 concellos participan o apoyan esta iniciativa de comercialización directa a través de internet. Y aunque el equipo de la USC aspira a que se sumen muchas más, Ferrás reconoce que "no es nada fácil". "Detrás de estas 22 familias se esconde el trabajo de tres años. Es muy difícil encontrar candidatos porque en Galicia partimos de un nivel de desarrollo tecnológico muy bajo y en rural, todavía más", resume el coordinador del proyecto, que insiste en que uno de los aspectos más duros del proyecto no solo es convencer a los granjeros de que abandonen los canales de comercialización que han usado siempre, sino el "trabajo de educación tecnológica" que hay detrás.
Esta es una de las razones por las que la iniciativa ha tardado tres años en madurar, hasta conseguir que poco a poco "alguna de estas familias empiece a destacar" y utilice ya por sí misma el correo electrónico para recibir pedidos y relacionarse con sus clientes, promocionar sus propios productos por internet o demostrar ciertos conocimientos de marketing electrónico.
Además, no todas las granjas familiares tienen "el perfil adecuado" para integrarse en el proyecto, ya que, como matiza Ferrás, no buscamos "aficionados" a la agricultura ni tampoco "especuladores" sino el "patrón tipo de familia rural gallega, que tiene diferentes fuentes de ingresos . Todos los productos tienen que tener "un origen familiar, natural y de calidad", añade el profesor de la USC, que recuerda que también ha habido casos en los que tuvieron que "invitar a marcharse" a alguna familia tras constatar que tenían visiones y objetivos diferentes.
En general, no obstante, Ferrás insiste en que el proyecto funciona muy bien y es valorado tanto por el consumidor , que obtiene "un producto fantástico a un precio muy bueno", como por el productor, que "aumenta sus ingresos vendiendo normalmente menos cantidad pero de más calidad".