ALEJANDRO CERQUEIRA- VIGO
Norah Jones irrumpió en la escena musical en el año 2002 con su disco debut Come Away With Me. Meses después, con cara de no haber roto un plato nunca y un estilo intimista, le robaba al favoritísimo Eminem el Grammy al mejor disco del año.
Con su último trabajo, ya parece que ha dejado caer alguna que otra pieza de la vajilla y acaricia con su música el country y el rock. La hija del mítico Ravi Shankar, desmenuzó ayer sobre el escenario de Castrelos su último disco, The Fall. Quizás por eso los que llegan de la mano de sus novias a Castrelos, no lo hacen con la cabeza gacha. A Virgilio y Alejandro les traen sus mujeres, pero no se esconden y reconocen: "la cantante también nos gusta a nosotros". Eso sí, si el concierto hubiese coincidido con la final del mundial, como sucedió en Bilbao el domingo, la situación sería distinta. "No creo que viniésemos", se confiesan.
El cambio de look y de registro musical no parece gustar a todos. Inés Aguilar espera con su entrada en la mano. Pese a ser "fan, fan", como ella se cataloga, reconoce que el último disco no es de sus favoritos. Es por eso que muchos esperan a la Norah Jones tímida que se hizo famosa tatareando aquel "oh oh oh oh" del estribillo de Sunrise. Fue con esa canción, y otras del primer disco, gracias a las cuales María se enamoró de la música de la cantante. "La conocí gracias a que la usaba mi profesor de Tai Chi durante las clases", recuerda.
También hay un grupo de espectadores que no son ni de la antigua Norah Jones ni de la nueva. Son los amantes de los eventos sociales. David y Juán cuentan que se acercaron a Castrelos "un poco por el sarao y porque es gratis, desde la ladera". Lo cierto es que ayer el Auditorio de Castrelos estaba, literalmente, plagado de gente. Todas las personas que disfrutaron del concierto demostraron que, la ahora un poco más mala Norah Jones, sigue siendo buenísima.