Albeto Casal - Notario y valedor de intelectuales y artistas

"Castroviejo siempre corría para coger a tiempo el ´navío´ a su Tirán"

"Al final, Lugrís, artista extraordinario, pasaba mucho tiempo en la taberna de Eligio. Le gustaba oír su voz en alto por la noche y, al pasar ante el banco, gritaba "¡Simeón!"

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Alberto Casal, estos días en A Casa dos Anxos. // Noelia Souto
Alberto Casal, estos días en A Casa dos Anxos. // Noelia Souto 

En esta tercera entrega, el notario Alberto Casal, gallego de nacimiento educado en el exterior siguiendo los destinos notariales de su padre y asentado en Vigo desde mediados del siglo pasado, habla de Castroviejo, Urbano Lugrís, María del Carmen Kruckenberg, los Álvarez Blázquez, el padre Comesaña, Pepe Fernández (Pescanova)... Recuerdos ricos pero deshilachados, cogidos al vuelo de una charla que sobrevoló los años 50 y 60 de Vigo, que FARO ha publicado a lo largo de tres días y que bien merecerían convertirse en ordenadas memorias".

FERNANDO FRANCO Hablamos en la entrega anterior de Cunqueiro y en la conversación, inevitablemente, surgió Castroviejo.

El mágico Castroviejo. Nuestro notario tiene también arraigada en el corazón la memoria de Castroviejo. “Grande fue su amistad con Cunqueiro pero eran muy diferentes aunque compartieran vida y literatura. Eso sí, Cunqueiro podía saberse de memoria el poema más recóndito de Castroviejo. Éste era la gran simpatía, un hombre con talento en su vida y en su pluma que estuvo como director un tiempo de El Pueblo Gallego. A José María lo destituyeron porque se marchaba temprano, siempre quería coger el último “navío” de tarde para su casa de Tirán y por otras cosas que no vienen al caso. Yo tuve el honor de ir con él a Madrid a hablar con el director general cuando se le destituyó, al que por cierto, echó media bronca”. (Cuenta Casalcon risa una broma de las que tanto le gustaban a Castroviejo y que le gastó a él en una taberna madrileña).

Amigo de Millán Astray. Castroviejo contaba en una carta que Millán Astray, “su gran amigo”, había intervenido por él tras destituirlo. Duda Casal. “No lo sé pero me extraña aunque todo era posible con este hombre genial. Lo que sí sé es que, aunque tenía amigos en Madrid no quiso buscar influencias porque era muy independiente. Yo tenía un amigo falangista antiguo que no creía nada ya en política, que decía: ‘Los cargos están para suplir las deficiencias personales’. Leía a Castroviejo y sabía cómo era de valiente y de valioso”. Le contamos al notario lo que él ya sabía. Circulaba una amable maledicencia de quienes jugaban con su apellido segundo, Blanco Cicerón, y lo convertía en Tinto-Cicerón por su placer por nuestros vinos. Sonríe. ”En alguna taberna había una “cunca” fija para él, otra para Cunqueiro... José María era bastante aprensivo, casi nunca daba la mano”. Hilvanando anécdotas, recuerda Casal una ocasión en los años 60 o 70 en que estuvo un tiempo enfermo, coincidiendo con un viaje que su amigo Castroviejo hizo a Puerto Rico a dar unas conferencias. Ya de vuelta, transcurrido un tiempo sin verse, un día se fue con Álvaro Ruibal a oírle una charla en la Universidad y, cuando entraron, Castroviejo hablaba de los reaparecidos en la literatura irlandesa, los fantasmas que vuelven y, cuando le vio desde la mesa oratorio, gritó ante el público: ¡Un aparecido!

Pintor Urbano Lugrís. “Era además un buen poeta que firmaba sus sonetos como Ulises Fingal. A veces parecía solitario, un poco melancólico, con una cierta tristeza subyacente que desaparecía cuando alguien se le acercaba. Él podía estar ensimismado en su mundo feérico, mágico, ese que traslucía en sus cuadros, pero aparecía alguien y se pasaba a la extroversión más encendida. Al final de su vida pasaba en el Eligio mucho tiempo. Tardaba en irse a dormir y a veces le gustaba oír su voz de noche. Pasaba frente al banco Simeón y gritaba: ¡Simeón! Era un hombre extraordinario”.

Álvarez Blázquez, Laxeiro y Kruckenberg. “Aparte de su pintura, Laxeiro era un hombre que contaba muy bien las cosas, era capaz de hermosas narraciones aunque fueran inverosímiles. José María Álvarez Blázquez, como su hermano Darío, o el gran Emilio o Álvaro conforman una institución de nuestra memoria aún reciente. Recuerdo a Chuchi Kruckenberg como una gran belleza de cuerpo y alma, escribiendo sus poemas con cierto pudor hasta el punto de que sólo nos dejaba leerlos a los íntimos. Era mujer interesante y no por sus viajes o su relación con Alberti sino por ella misma. Auténtica y de gran riqueza, hace tiempo que no sé de ella. Yo creo que antes de llegar yo aquí ya había trabajado en una obra teatral de Cunqueiro. Una persona singular, a contracorriente, siempre está expuesta a estas reticencias pero no creo que fuera dramática esta incomprensión y aún más teniendo en cuenta lo entrañable que era y es.

Más recuerdos. “Yo recordaría, por ejemplo, al Padre Comesaña, párroco de Bouzas, un cura especialísimo. Y a Pepe Fernández, fundador de Pescanova, hombre de inteligencia soberbia y admirable humildad. Un día le envié a un recomendado y, tras desplegar éste todos sus méritos ante él, me llamó y me dijo. “Oye, tú que has leído tanto a Valle Inclán. Ese chico que me enviaste me recordó aquel episodio en que el escritor le dijo a un señor que hablaba mucho de sí mismo: “Joven, recoja usted el talento que se lo va a pisar” (risas).

El cenáculo de Vigo. En un artículo reciente de Ferrín sobre las primeras celebraciones de la Festa do Albariño en el Cambados de 1953, dice que el “cenáculo de Vigo” también acudió allí a apoyarlas. Tal cenáculo era Alberto Casal, los Álvarez Blázquez, Cunqueiro, Castroviejo y Pedro Díaz. Dice la leyenda que aquella fiesta nació de un reto entre el abogado vigués Bernardo Quintanilla y Ernesto Zárate por ver cuál tenía mejor vino. “Me acuerdo de que fuimos desde Vigo a apoyarla en esos años 50 y también fue el cónsul de Cuba aquí entonces, Aníbal Santana. Fue Cunqueiro quien dio el pregón y habló de ese príncipe rubio, de la espuma del mar, de las camelias... para ensalzarlo pero al acabar, me dijo: “Podríamos ir a la casa de Ricardo Cedrón aquí al lado, que tiene un excelente Vega Sicilia, pero mi lealtad es albariña”.

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