SARA VÁZQUEZ
“Cuando lo sabes, dudas porque piensas: ‘¿Para qué ponerle una etiqueta?’. Yo ahora siempre les digo a los padres que es muy importante saber lo que tienes, porque no eres capaz de entender muchas cosas”, explica la presidenta de la Asociación de Altas Capacidades de Galicia, María Luz González, que aboga por llevarlo “con naturalidad”. La presidenta del colectivo, que reúne a niños superdotados y a sus familias, critica que los colegios no siempre den a estos alumnos la atención que les corresponde como personas con necesidades especiales, como los que tienen síndrome de Down o autismo, y asevera: “Pedimos igualdad”
–¿Cuántos superdotados hay en Galicia?
–La Consellería de Educación maneja un censo de más de 400 niños superdotados. En la asociación somos unas 100 familias. Cada 15 días nos encontramos en los talleres, que se realizan en colaboración con la unidad de Superdotación de la facultad de Psicología de Santiago, trabajan con unos 80 ó 85 niños. Alrededor del 2% de la población tiene altas capacidades.
–¿Hay superdotados que no saben que lo son?
–Sí, claro. Igual que llegan familias con niños de 11 ó 12 años que, obviamente, ya lo eran antes porque es algo que no se pierde, que siempre tuvo que tener. Lo que pasa es que no hay mucho conocimiento sobre las altas capacidades. Ahora, creo que hay mayor sensibilidad y se conocen algo más las altas capacidades, aunque habrá muchos sin diagnóstico.
–¿Falta sensibilización?
–Estamos en ese camino. Vamos bien. Uno de los datos es que la asociación crece cada vez más, lo cual indica que la gente sí es cada vez más consciente de las altas capacidades. Las altas capacidades se engloban, en cuanto educación, en las necesidades especiales. Estamos en el mismo saco que el síndrome de Down o el autismo, pero la sociedad no está sensibilizada igual. Siempre se presta más ayuda a los niños que van por debajo. Que está muy bien, pero nosotros también estamos ahí y en la normativa también se contempla esa ayuda. Los niños superdotados también la necesitan. No es una opción, sino un derecho de los padres y de los niños. Pero la mayoría de los colegios están masificados y hay prioridades, y están antes otras necesidades educativas especiales que las de los superdotados. Pedimos igualdad.
–¿Qué ayuda necesitan estos niños?
–Más atención en los centros, que se agilicen los trámites burocráticos para que las medidas que se decida que hay que adoptar, como adaptación curricular o aceleración, se hagan efectivas rápido.
–¿Se incentivan adecuadamente sus potencialidades?
–Depende del centro y del profesor. Hay centros que trabajan muy bien y otros que no. A los niños con altas capacidades hay que motivarlos constantemente. Es difícil y es una pena no hacerlo, porque es como tener un diamante en bruto y dejarlo sin pulir. Hay que saber indicarles el camino, porque a veces se pierden y no llegan al final.
–También hay fracaso escolar entre los superdotados.
–Claro. Hay que motivarlos constantemente. Tienen un aprendizaje muy rápido, se cansan y no les gusta repetir. Y en el aula son muchos niños y hay que seguir unos métodos. Es difícil, pero es trabajo del colegio, de los padres y de la sociedad en general.
–¿Es partidaria de que los adelanten de curso?
–Eso depende de un equipo de orientación de la provincia, que se desplaza una vez que se ha detectado en el centro que hay un niño con altas capacidades. Los especialistas hacen un diagnóstico e indican qué medidas ha de adoptar el centro, que pueden ser adaptación curricular, es decir, ampliación de materias; aceleración parcial, en cuyo caso los adelantan en algunas materias y en otras no, o aceleración: adelantarlos un curso. La aceleración es la medida más fácil de tomar y es un parche momentáneo. Para ellos son cosas nuevas y están más atentos y más motivados al principio, pero a los tres meses, cuando cojan el ritmo, volverán al mismo punto. Lo básico es la motivación, el estímulo diario y constante en el centro y por parte de los padres. Hay que responder a sus necesidades y en todos los campos: si les gustan la música o las lenguas, acercarlos a esas disciplinas.
–¿Es cierto que los superdotados son tímidos?
–Los hay que sí, pero también que no y que son líderes. Es un estereotipo. Lo que sí es que hay estudios de psicólogos que dicen que hay menos niñas que niños diagnosticadas de altas capacidades porque las niñas lo encubren más, no quieren ser distintas. En la asociación pasa: hay menos niñas que niños. Las niñas quieren camuflarse y no ser distintas al resto.
–¿Cómo se detecta?
–Te das cuenta de que van más rápido que otros niños. Son autodidactas, aprenden a leer muy rápido. De hecho, no silabean; pasan de no saber leer a, en una semana, saber. Cogen los conceptos también muy rápido y no tienen aprendizaje, no necesitan repetir, sino que preguntan una vez y ya lo entienden. Además, tienen mucha memoria. Ves indicios de que algo hay.
–¿Y entonces?
–Ahí dices ¿qué pasa aquí?, ¿qué voy a hacer? Es la idea que tenemos todos: ¿qué hago? En parte se debe a que no se conocen las altas capacidades. Y todos pensamos que nuestro hijo es el más listo. Hay preocupaciones y preguntas, como por Dios o por la muerte, que sabes que no son normales para la edad que tiene el niño. Pero dudas porque piensas: “¿para qué ponerle una etiqueta?”. Yo ahora siempre les digo a los padres que es muy importante saber lo que tienes, porque no eres capaz de entender muchas cosas. Cuando conoces el diagnóstico, indagas en el tema y te pones en contacto con otros padres. Cuando llegué a la asociación, hace cinco años y medio, pensaba que lo mío era algo muy raro. Luego empiezas a verlo todo desde otro prisma.