Xavier Castro Pérez - Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago
ÁGATHA DE SANTOS - VIGO
Xavier Castro presentó ayer en Santiago “A rosa do viño. Cultura do Viño en Galicia” (Galaxia), un libro de investigación que aborda la historia social y cultural del vino en la comunidad a través de sus distintos usos, desde bebida comunitaria hasta producto alimenticio y medicinal. Según el historiador, este volumen es la continuación de “A la sombra ejemplar de los parrales. Cultura del vino en Galicia”, editado en 2006.
–¿La cultura del vino ha cambiado porque los gustos también han variado?
–Sí. Antes, a la gente le gustaba más los vinos tintos, muy espesos. Hoy gustan más claritos y traslúcidos. También ha cambiado la manera de beber. Antes se compartían vasos o jarros en la bodega tradicional. A partir de los sesenta, cuando sube el nivel de vida y empiezan a aparecer otras bebidas como el café y los licores, se generaliza beber cada uno en su copa.
–¿Nos hemos refinado?
–Nos preocupan más los aspectos higiénicos y también nos hemos individualizado. Tradicionalmente, beber vino formaba parte de la vida social, mayormente de los hombres.
–Que una mujer tomara un vaso de vino no estaba socialmente tan aceptado, ¿no?
–La mujer estaba en este aspecto muy discriminada. Se consideraba que el vino era cosa de hombres porque eran ellos quienes lo cultivaban: el bueno se vendía y el malo quedaba para consumo doméstico. Cuando había escasez, a la mujer no se le daba y cuando había era para teñir el agua. La mujer lo bebía poco y muy discretamente.
–Pero el social no es el único aspecto del vino que recoge en el libro...
–El vino tenía en Galicia muchísimos usos. Servía de “calefacción” en invierno y de refresco en verano, pero además tenía usos medicinales y alimenticios. Por su aporte energético, era un alimento muy importante en las zonas de viticultura. Y hasta no hace mucho se les daba a los niños: la conocida “sopa de caballo cansado” y la Santa Catalina, que se empleaba para abrir el apetito.
–Esto último hoy es impensable...
–En los sesenta, el vino pasó de usarse como medicamento a considerarse tóxico y pernicioso por la medicina, aunque en los últimos años ésta vuelve a hablar de los beneficios cardiovasculares que tiene el consumo de una copa de vino durante las comidas.
–En este estudio habla también de los aspectos de identidad del vino...
–El vino que se hacía en las bodegas tradicionales representaban al bodeguero, que estaba orgulloso de su vino, y también representaba a Galicia fuera de la comunidad. Los emigrantes gallegos en América sacaban un “ribeiro” a sus visitas como símbolo de identidad de Galicia. Desde hace cuatro décadas, el vino que nos representa es el albariño.
–¿Por qué?
–Porque ha mejorado mucho su calidad y porque el sector del albariño hace muy bien la vendimia. Digamos que han sido más cuidadosos.
–¿Qué queda de la cultura tradicional del vino?
–Hay aspectos que han sobrevivido, como los furanchos y las tabernas artesanales que aún quedan. Y la importancia que aún tiene en la sociabilidad. Pero ahora hay más bebidas que antes, cuando el vino era la única bebida estimulante que había.