ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
Anoche presentaba un aspecto fantasmagórico. Varios árboles secos en un amplio jardín y un pastor alemán suelto con mucho genio. En ese chalé desocupado de La Garita hay ahora poca, muy poca vida, pero hasta hace apenas un par de años era la lustrosa residencia de Concepción V. L., una madrileña que llegó al barrio teldense (Gran Canaria) en 1972 y que estos días se ha convertido en noticia al trascender que en su testamento dejó una herencia de tres millones de euros para el proyecto de conservación del lince ibérico en Doñana, para la Asociación Nacional Amigos de los Animales y para la Asociación para la Defensa del borrico de Rute, un encantador pueblo cordobés de apenas 11.000 habitantes famoso por sus vinos.
Como es de suponer, a Concepción, que trabajó durante muchos años como controladora en el Aeropuerto de Gran Canaria y no tuvo descendencia, le encantaban los animales. De eso da fe Carmencita de la Guardia, una vecina con la que trabó amistad nada más aterrizar en la isla y que anoche glosaba con cierta melancolía su figura tras saber de su último gesto.
"Conchi era una bellísima persona. Vino de Madrid muy joven, procedía de una familia adinerada, era muy culta y atenta. Que yo recuerde, tenía al menos a dos de sus familiares trabajando para la Casa Real. Uno como médico y otro como piloto. Eso puede dar una idea de la familia de la que provenía", relataba tirando de memoria.
"Imagínate si era gente de dinero que tenían importantes propiedades en Marbella, cerca de la playa, y fueron varias las veces en las que ella misma me insistió para que fuese con mis hijos a pasar unas vacaciones a la Costa del Sol. Nunca lo hice porque me daba cierta cosa", apostilla con lamento.
Concepción no era una persona muy conocida en La Garita, pero sí tenía más roce con sus compañeros de trabajo. "Era fácil verla contenta, de fiesta y en barbacoas. Era hija única y nunca se casó, pero sentía tanto cariño hacia los demás que podrías definirla como alguien muy caritativa. Una de las cosas que más me llamó la atención fue su formación. Hablaba numerosos idiomas con fluidez y desde Madrid se traía con frecuencia a su madre y a su abuela a la isla. Luego ellas fallecieron y se quedó un poco más sola. Lo que dices que ha hecho le pega bastante: era muy discreta y no le gustaba presumir de sus gestos", matiza.