F. FRANCO - VIGO
“Durante años el misterio del Príncipe de Asturias ha permanecido sin explicación alguna. Se ha convertido en un buque fantasma, porque nadie se ha acordado de él, y su memoria ha desaparecido incluso de las efemérides de la prensa”.
Eso contaba ayer en el Club FARO Francisco García Novell, en su charla sobre “La tragedia del Titanic español (el naufragio del Príncipe de Asturias en 1916”). Presentado por el periodista de FARO Alberto Otero y apoyado en diapositivas, a lo que se refería este miembro de la Sociedad Geográfica Española, experto en documentales televisivos, era al barco más moderno y lujoso del primer cuarto de siglo XX, naufragado en las costas brasileñas.
“En el ánimo de todo el mundo –dice– estaba muy reciente el naufragio del Titanic, y tras la dramática experiencia de aquel suceso, se había tomado toda clase de preocupaciones con el fin de que fuera casi imposible el hundimiento, de tal modo que la rigurosa sociedad de clasificación Lloyd´s concedió a este buque su más alta valoración. Como en el caso del Titanic, la realidad puso más que eso. Se presentaron como dos navieros insumergibles y tanto uno como el otro están en el fondo del mar”.
¿Por qué pasó inadvertido por todos a lo largo del tiempo?. “Porque cuando ocurrió –cuenta García Novell- estábamos en plena Primera Guerra Mundial, las noticias de naufragios estaban a la orden del día en toda Europa, los submarinos torpedeaban buques de todo tipo, de enemigos y de países neutrales, y porque en el Canal de la Mancha un torpedo alemán hundió el vapor inglés donde viajaba nuestro músico Enrique Granados y su muerte ocupó las primera páginas de los periódicos”.
La parte gallega
García Novell, autor de “Naufragio” en La Esfera de los Libros, empezó realmente su charla contando qué carambolas le habían llevado a escribir este libro, tras iniciar ante un documental sobre la materia aún inacabado. Y, porque el auditorio era ideal para ello y había incluso descendientes de las víctimas, no se olvidó de la parte gallega del naufragio. En el mismo fallecieron el empresario vigués José Santamaría de Abalde y su esposa chilena. Y destacó una marinense, Marina Vidal, que le fascinó tras investigar y enterarse de que había marchado a París, adquirido lencería para venderla posteriormente, vuelto a España y embarcado en ese trasatlántico con destino a América. Ella fue, según su narración, una “heroína”, de las que desde el único bote salvavidas, junto a otros cinco o seis tripulantes, mal heridos , rescató a la gente que intentaba sobrevivir sobre las aguas.
Pero en todo naufragio surgen leyendas, y cuando desaparece el capitán, las especulaciones se desatan. El mayor de los enigmas en este naufragio, según García Novell, es la suerte que sufrió el capitán del “Asturias”, José Lotina. “ Mucha tinta se escribió en su tiempo –dice– sobre las responsabilidades de este marino vasco en el naufragio, y fueron numerosos los investigadores que incluso imaginaron un novelesco y triste final pegándose un tiro en la sien en el interior de sus camarote. Su cadáver nunca apareció en ninguna parte y, según esa especulaciones, fue abducido misteriosamente por las aguas de Punta Pirabura. el escenario de la catástrofe. Pero el documento de enterramiento que yo hallé describe uno de los cuerpos vestido como lo haría el mando del barco. Sin marcas en el cráneo y por tanto sin pistola ni índices de suicidio, sólo con marcas de mordeduras de peces“.
A escasos 45 metros de profundidad está el barco. En una zona infestada de tiburones. No se ve la estructura de trasatlántico porque ha sido volado con dinamita en varias ocasiones por ‘cazatesoros’ en busca de recompensa; del oro que, según otra de las leyendas, iba en el barco para financiar la revolución de Zapata en México. ”Pero podía ser –dice García Novell– para pagar un cargamento de cereales comprado por España o, simplemente, no existir. Eso sí, quedarían allí las joyas de los pasajeros pero nada se ha hallado salvo dos anclas y otras piezas”.