ANA SAÁ - VIGO
Aunque su primera especialización se centró en los dibujos italianos del siglo XVII, las incógnitas que despertaban las pinturas de Goya llevó a Manuela Mena a estudiar al pintor hasta el punto de determinar que El Coloso no era de su autoría. Entre otros puntos, el cuadro contaba con ciertas imperfecciones muy alejadas de la técnica del aragonés. La jefe de conservación de pintura del siglo XVIII y Goya en el Museo del Prado ofrece hoy una conferencia en la Fundación Pedro Barrié de la Maza de Vigo (20.00 horas) titulada “Goya: el viaje interior”.
–¿Qué es lo más destacado de Goya en su viaje interior?
–Tras pasar dos años en Italia, Goya regresa a Madrid y sabe lo que significa ser artista. Se fijó en la pintura de los grandes, como Rubens o El Greco, y comenzó copiando cuadros de Velázquez en 1774, aunque ya por aquellos años hacía una interpretación de las obras que tenía delante. Intentaba ceñirse a la pintura, pero no podía. De Goya destacaría la limpieza y la precisión de su técnica, la luz y el conocimiento de la naturaleza.
–¿Por qué siempre le ha fascinado Goya?
–Por las incógnitas que despertaba su pintura. Me fascinaban las contradicciones que había entre la obra y la literatura posterior. El pintor se encuentra delante de un cuadro en blanco, tiene una idea y pasa el pincel por todo el lienzo antes de pintar. Lo tenía todo estudiado y no dejaba nada al azar, como cualquier artista, por eso me intrigaba saber qué quería decir.
–¿Y en el arte contemporáneo hay improvisación?
–En la última exposición en la que estuve en Londres de Daniel Hierst, considerado el niño maldito del arte contemporáneo, se apreciaba un sentido en cada uno de los detalles. Un artista nunca pinta sin querer, no hay improvisación y todo tiene un significado.
–A muchos sorprendió la afirmación que hizo de que El Coloso no pertenece a Goya. ¿Cuánto tiempo tardó en dar con esta conclusión y en qué se ha basado?
–Un equipo formado por restauradores, investigadores e historiadores próximos a la obra del artista analizamos el cuadro y después de veinte años de investigación llegamos a la conclusión de que no tenía las características ni las técnicas propias de Goya. Con el tiempo desciframos que las iniciales aparecidas en el mismo podrían pertenecer a Asensio Julià, un pintor que trabajó con Goya y que en su trabajo independiente quiso imitarlo.
–¿Se le da al arte la importancia que merece o todavía está relegada a un público reducido?
–Aún pertenece a unos pocos, pero también depende de los países y las ciudades. El arte es un vehículo para dominar a las personas por el impacto que un cuadro produce en el público, pero es difícil interpretar la pintura antigua si no tenemos las claves simbólicas del artista. Hay ciudades en las que el arte forma parte de la sociedad y otras en las que pasa desapercibido. Ocurre lo mismo con los conservadores de museos. En Estados Unidos, por ejemplo, tienen otra apreciación del arte y los ven como pequeños príncipes en sus museos porque están haciendo un trabajo para la sociedad, mientras que aquí es difícil que la gente conozca nuestra actividad.