Clint Eastwood, en el papel de "Harry el Malo"

La biografía de McGilligan descubre facetas inéditas de la personalidad del cineasta, entre ellas la tacañería y su afición a las mujeres

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El actor y director Clint Eastwood
El actor y director Clint Eastwood  REUTERS

LUIS M. ALONSO Cuando en 2002 apareció la biografía Clint, the life and legend y Clint Eastwood interpuso una demanda de diez millones de dólares contra el autor, en Hollywood todo el mundo se preguntó en qué remota galaxia se habría escondido Patrick McGilligan. Hasta ese momento las biografías sobre el actor y director de cine norteamericano mejor considerado pertenecían al género hagiográfico y los ensayos publicados se dedicaban a analizar su notable carrera y su deslumbrante otoño cinematográfico.
El respeto por él era enorme y su imagen de hombre decente y cabal contrastaba con la implacable visión de enemigo de la humanidad reflejada en los testimonios recogidos por McGilligan, un reputado historiador del cine que se había enfrentado antes a otros pesos pesados, entre ellos, Robert Altman, Jack Nicholson, Fritz Lang, George Cukor y James Cagney. En último caso, quien más y quien menos sabía que con Harry el Sucio no se jugaba. De hecho, muchas de las fuentes consultadas por el biógrafo pidieron no ser identificadas.
Un veterano marine, Fred Peck, el teniente coronel que lo asesoró durante el problemático rodaje de El sargento de hierro, comentó: "Hacen falta veinte años para hacerse amigo de Clint y veinte segundos para destruir esa amistad. Todo el mundo en Hollywood le llama Clint, pero siempre van con pies de plomo con él, se preocupan por lo que en realidad quiere, pero tienen miedo de preguntárselo. Todo el mundo tiene miedo a decírselo".

Egocéntrico

"Vengativo" es uno de los epítetos que McGilligan le regala a Eastwood en la biografía que acaba de publicar Lumen, la que vio la luz en Estados Unidos en 2002 y que luego siguió vendiéndose después de que biógrafo y biografiado llegasen a un acuerdo sobre el que el autor del libro no entra en detalles, acatando los términos del litigio. Sí admite, sin embargo, que en las ediciones posteriores, incluyendo esta española, hubo que corregir los párrafos conflictivos. Uno de los motivos de la demanda eran, como reconoce el propio McGilligan, las anécdotas poco ejemplares sobre el primer matrimonio de Harry el Sucio con Margaret Ruth Neville, Maggie. Otros rasgos de su personalidad intensa, impetuosa y egocéntrica por los que el autor de la biografía decidió pasar por encima de él son que le gustan mucho las mujeres y que es un tacaño. Una tacañería "proverbial" si se tiene en cuenta que todos los años exige a la Warner un pavo congelado para regalárselo a su madre por el Día de Acción de Gracias y que es incapaz de pagar la cuenta de un restaurante.
Encuentra testimonios como el de un director asociado en otro tiempo a Malpaso, la productora de Eastwood: "Cuando alguien defiende demasiado a Clint, me entran ganas de atacarle, cuando alguien le ataca me entran ganas de defenderle. En cierto modo, le odio, pero también le quiero. ¿Puedes entenderlo". El autor del libro añade que lo ha intentado, pero reconoce que se ha quedado con un Clint que es la antítesis de su leyenda y su biografía autorizada. La de Richard Shickel, de la que un crítico dijo que era como si Harry el Sucio le hubiese apuntado con su Colt Magnum mientras la escribía.
Llega a la conclusión de que una mezcla de fortuna, talento artístico y astucia comercial han guiado la carrera de Eastwood. Nadie como él para hacer películas y saber venderlas. Pocos como él han acertado a promocionar su imagen: a alternar la ternura y la sensibilidad con lado más duro del William Munny de Sin perdón. Hasta el punto de que el Clint de la pantalla se ha impuesto al real. Lo que ha hecho McGilligan es darle la vuelta a la tortilla; su antipatía por el personaje de carne y hueso le ha impedido aceptar que se trata de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos. La pretendida avaricia y el egoísmo, la forma en que despachó a Sandra Locke después de haber compartido años de su vida con ella, o a su abnegada y celosa primera mujer, que lo acompañaba a los rodajes para marcarlo de cerca, son la munición que más usa McGilligan. Mujeriego, machista, ateo, alcalde oportunista de Carmel, por ahí van los tiros en esta biografía a la contra. Su impresionante visión del cine no se oculta, pero sólo se deja entrever en las casi 700 páginas del relato.

Mujeriego

Harry el Sucio ha disparado, sobre todo, a aquello que se mueve y lleva faldas. Sus escarceos amorosos se cuentan por centenares. Él mismo ha llegado a considerarse "un regalo para las mujeres". McGilligan asegura que mantuvo relaciones sexuales con todas las compañeras de rodaje o protagonistas de sus películas, salvo el caso de Shirley McLane, a la que consideraba demasiado hombruna, pero no todas las historias acabaron bien. Como en sus matrimonios, las nubes sucedían a los claros. Suele ocurrir.
No ha perdido el tiempo el implacable McGilligan en exprimir al personaje, por eso no debería extrañarle tanto que Eastwood vaya directo al grano y tampoco le guste perderlo en los rodajes. Lo acusa, por ejemplo, de filmar el primer borrador que le llega y no hablar con los guionistas hasta el estreno de la película. No hace mucho, el periodista John Carlin escribía de esa obsesión del octogenario Clint Eastwood por simplificar las cosas y no repetir escenas, refiriéndose a la filmación de Invictus. La pregunta es: ¿qué tiene de malo que a un director le valga la primera toma si el resultado va a ser Million dollar baby?
Quizás el que mejor haya descrito los claroscuros del cineasta haya sido el teniente coronel Peck, el marine que padeció su intempestuosidad durante el rodaje de El sargento hierro: "Debe de parecerse más a Harry el Sucio en la vida real de lo que él cree. Es un personaje extraño. Lleva una pistola en la guantera, pero pisa el freno para no atropellar a una ardilla que se le cruza en una carretera. Es un hombre muy interesante que a veces se comporta como un niño de cincuenta y nueve años".
En la actualidad Eastwood, el niño que va a cumplir los ochenta, está felizmente casado con la joven presentadora de telediarios Dina Ruiz, y no emite, como ha dicho su amigo y cómplice Morgan Freeman, ninguna señal de aflojar o perder la fuerza que le lleva a hacer maravillosas películas. Y eso, en definitiva, es lo que debería importar.

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