M. A. AUTERO/V. SÁNCHEZ - TENERIFE
La última voluntad del empresario menorquín Juan Ignacio Balada Llabrés se ha convertido en noticia en las últimas horas al conocerse que ha testado en favor de los Príncipes de Asturias, así como en los ocho nietos de los Reyes de España la suculenta fortuna que hizo en vida, alrededor de 30 millones de euros. El empresario no tuvo descendencia y sus familiares más próximos son dos primas hermanas que residen en Santa Cruz de Tenerife y Madrid. A pesar de ello, los lazos de consanguinidad no pesaron lo suficiente en la última voluntad de Balada Llabrés. Fueron en cambio, sus ideales monárquicos, los que primaron a la hora de testar dejando sin herencia a sus dos primas.
La prestigiosa radióloga María del Carmen Arregui Llabrés –residente en Santa Cruz de Tenerife desde 1960– y su hermana, Pilar, no quisieron hacer declaraciones a los medios de comunicación después de que se conociera la decisión de su familiar ya fallecido. Las dos hermanas, y primas del empresario fallecido, se desplazaron hasta Menorca, la isla en la que tenía fijada su residencia el empresario, para acompañarle en las últimas semanas de vida.
Allí, en la pequeña isla del Mediterráneo, ambas conocieron la decisión de legar su impresionante fortuna, que de seguro sobrepasa los 30 millones de euros, en la figura del Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, su esposa, Letizia Ortiz, a sus dos hijas y los otros seis nietos de los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía.
El testamento de Balada Llabrés recoge su deseo de dividir en dos partes su enorme fortuna, un legado que heredó de sus padres, Ramón y Catalina, y que él incrementó gracias a sus certeras inversiones, muchas de ellas en el sector petrolífero. Por una parte, la mitad de la herencia se dirige directamente a los Príncipes de Asturias, a sus dos hijas –las infantas Leonor y Sofía– y a sus seis sobrinos –los dos hijos de la infanta Elena, Felipe y Victoria; y los cuatro de los Duques de Palma, Juan, Pablo, Miguel e Irene–.
Aquí surge el primer problema ya que, al ser menores de edad ocho de los herederos, la resolución de la herencia es complicada.
“Hay que tener claro que el proceso va a ser muy largo y que especular no sirve de nada”, subrayaron desde Casa Real y aseguraron, además, desconocer cuál es la cuantía final de los bienes donados.
“Es algo insólito, y más teniendo en cuenta que don Felipe y doña Letizia no conocían al fallecido”, señalaron a este periódico fuentes de la Casa Real. De hecho, desde Zarzuela se aseguró ayer que no sabían nada de la herencia hasta que hace unos días, el albacea catalán de este empresario se puso en contacto con ellos para comunicarles la última voluntad de su representado, fallecido el 18 de noviembre tras una enfermedad hepática y cuyo testamento se leyó la segunda semana del pasado mes de diciembre.
El testamento de Juan Ignacio Balada Llabrés recoge, además, que la mitad de su legado se destine a constituir una fundación que aborde asuntos de interés general; una entidad que debería ser creada y gestionada por el propio príncipe Felipe. “En principio, debe ser algo positivo para la población ya que la fundación tiene unos objetivos sociales muy definidos”, añadieron fuentes de Zarzuela.
Cambio de cerradura
Aunque el valor exacto de la fortuna de este empresario menorquín no ha sido contabilizado, sí se conoce su amplio patrimonio inmobiliario. A su nombre aparecen dos edificios en Menorca, en las calles Federico Pareja y Gustavo Mas y tres en la calle Josep María Quadrado, donde vivía antes de morir. Al día siguiente de su deceso, el albacea mandó cambiar la cerradura de su domicilio.
Una de las joyas de su patrimonio es la farmacia Llabrés de Ses Voltes, declarada recientemente por el Consell de Menorca Bien Catalogado (BC) por los elementos modernistas que atesora. El inmueble permanece cerrado, y su futuro es una de las grandes preocupaciones de las instituciones isleñas, que también cobrarán por el impuesto de sucesiones.