TINO PERTERRA
Ha vuelto. Desmond Miles regresa para deshacer otro entuerto dos años después de mantener en vilo (literalmente) a muchos aficionados al videojuego con el primer Assassin´s creed. Un título que, pese a sus sombras, iluminó un campo poco sembrado de obras memorables. Ventas notables y críticas amistosas que destacaban, sobre todo, la reconstrucción precisa y preciosista de escenarios del Oriente Medio en el siglo XII, y la posibilidad de moverse a sus anchas por decorados amplios tomando decisiones con una libertad que cautivaba la atención durante horas. Muchas horas. El jugador cogía los mandos de la enrevesada trama para hacer de spiderman por fachadas de todo tipo y condición, con especial disfrute en la escalada de catedrales por las que moverse con movimientos felinos y correr por los tejados exhibiendo una agilidad portentosa... aunque para conseguirlo se pagara la novatada de estrellarse contra el suelo más de una vez. Muchas veces.
Visualmente espléndido, el original Assassin´s creed perdía fuelle a la hora de hilvanar misiones que le fueran a la zaga, y el avance se volvía por momentos demasiado rutinario y previsible, con excesos de atalayas que coronar. Era de esperar que la franquicia corrigiera esas carencias en su segunda entrega, y las expectativas se han cumplido en gran medida. Este Assassin´s creed II de Ubisoft potencia sus logros con una virtuosa recreación de la época renacentista y da una vuelta de tuerca más interesante a sus laberínticos pasillos poblados por conspiradores, tramas ocultas y asesinatos con los que ir atando (o más bien matando) cabos. Aquí no se trata de cargarse a tropecientos mil monstruos (nazis, zombis, alienígenas o terroristas) con armas de última degeneración: manda el sigilo, impera la cautela, se valora la habilidad y la inteligencia envenenada para atravesar el cuerpo de la historia dejando el menor rastro posible. La sangre justa y necesaria. Hay mucho en juego.
Como bien saben los que aprendieron a trepar por paredes imposibles en la primera entrega, el juego tiene «truco» para engarzarlo al mundo actual y que Desmond Miles pueda revivir las vivencias de sus antepasados por vía de genética. Con su prólogo impactante de "película" (muy gracioso el uso de un recién nacido para "aprender" los primeros movimientos) y una primera fase didáctica en la que estar al tanto de los golpes precisos para acabar con enemigos (que no son Einstein, vaya por delante), hacerse con botines o subir a las alturas, Assassin´s nos lanza virtualmente a la Italia de finales del siglo XV, y aparecemos dentro del cuerpo de un jovenzuelo florentino al que sobran lujos y le falta vergüenza. La venganza hará de él una máquina de matar, a la par que le conducirá a un proceso de maduración.
Si el apartado gráfico mantiene el tipo (y lo mejora en algunos aspectos), la historia está mejor urdida (con una estructura más "peliculera", por así decir, incluido un final inesperado) y se añaden ingredientes definitivamente simpáticos, unos «didácticos» para conocer algo más de historia y otros sorprendentes como el uso de personajes reales para enriquecer la trama con su fama, sobre todo un generoso Leonardo da Vinci.
Las acrobacias y los alardes en las peleas han recibido un barniz de frescura que las hace más variadas y creíbles (dentro de un orden) aunque el jugón que quiera una acción directa, sin contemplaciones y a lo bestia, ya puede irse a buscarse a otro sitio. Aquí lo más entretenido, y es la clave de su encanto, es demorarse en los decorados, perfeccionar los movimientos, ir de plataforma en plataforma sintiendo que se gana en soltura y prontitud en la toma de decisiones.
Escudriñar cada rincón de las ciudades en busca de información o arsenal. Y, de paso, ir sumando florines por medio de misiones de muy variado pelaje, unas honradas y otras no tanto. Cuanto más dinero tengamos, más posibilidades habrá de «invertirlo» en reclutar a todo tipo de personajes que nos puedan ayudar en momentos peliagudos (aunque menos necesarios de lo que nos cuentan).
Y, si nos sentimos más "creativos", podemos gastarnos el dinero en hacer compras, bien sea para curarnos en salud, reforzar nuestro armamento (o repararlo si se pone chunga la cosa) o adecentar nuestra figura. Rodeados de personajes secundarios que pueden sernos de ayuda (y peor modelados que el protagonista, dicho sea de paso) o convertirse en una auténtica pesadilla, nuestras andanzas parten de una premisa que conviene no perder de vista: no deben vernos. Si lo hacen, lo lamentaremos, o nos veremos obligados a recurrir a todo tipo de argucias para perder notoriedad. Es una de las bazas que manejan sus creadores para garantizar la diversión y la variedad en el desarrollo de unas aventuras bien surtidas de intriga, sorpresas y acción calculada. Muchas horas para pasar el tiempo y, de paso, disfrutar de un hermoso paseo por una Italia peligrosamente fascinante.