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ANA SAÁ / VIGO Su obra escapaba de las corrientes de los años 50 y la fotografía la entendía como un medio de expresión de emociones. Catalán de nacimiento pero gallego de adopción, la mirada de Ricard Terré se apagó a finales de octubre. Ayer, la ciudad que lo acogía desde 1959 rindió homenaje a uno de los grandes documentalistas del siglo XX que se hizo popular por imágenes como la niña bizca vestida de primera comunión o el niño en procesión con el cirio roto.
El Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (Marco) fue el escenario elegido para la proyección de un vídeo realizado en Cataluña en el que se recordaba al fotógrafo. Xosé Luis Suárez Canal y Manuel Sendón, del Centro de Estudos Fotográficos y organizadores del acto, seleccionaron también las imágenes más representativas de la obra de Terré, que se sucedían mientras estos y la hija del fallecido, Laura Terré Alonso, se deshacían en elogios hacia el artista.
"A súa fotografía transmitía emocións, era humanista e alonxábase da visión academicista que imperaba na súa época", afirmó Manuel Sendón. "O seu traballo considérase unha serie única e non tiña ningún problema en mesturar unha imaxe da Semana Santa dos 50 co Enterro da sardiña de Vigo dos 80", indicó.
Ricard Terré era un fotógrafo arriesgado, pero no se podría decir extravagante. Cuando desarrolló su carrera como fotógrafo las agrupaciones fotográficas se regían por normas en las que predominaban los objetos enfocados o la inclusión de toda la gama de grises, entre otros aspectos. "Para el cobraban sentido as imaxes con masas de negros e as persoas movidas ou desenfocadas", explicou Manuel Sendón. "Convertiu e definiu erros como o desenfoque en recursos para a fotografía", añadió.
Este homenaje, pues, era necesario. "Cando unha cidade non se lembra dunha persoa da súa dimensión, entón é que está morta", señaló Manuel Sendón. "A xente que vivimos en Vigo queremos transmitir que a cidade segue viva, por iso era tan necesaria a homenaxe", añadió.
Más de un centenar de imágenes de Ricard Terré se sucedieron a lo largo del acto, un repaso fotográfico que exhibía los grandes rasgos de su obra. La coherencia es la característica más destacada en su creación. "A súa obra non é moi numerosa, pero si moi intensa", aseguró Sendón.
En el fondo Ricard Terré se sentía más identificado con los fotógrafos gallegos que con los catalanes. El trabajo de las academias de su tierra natal tenían un auge más grande y una mayor presencia en concursos, pero a él le interesaba la fotografía que con el paso del tiempo adquiría interés humano. "Terré tivo moi boa relación con membros da Sociedade Fotográfica Galega, sobre todo con Rainiero Fernández", señaló uno de los organizadores del homenaje de ayer.
Sobre el año 1966 Ricard Terré colgó su cámara. Tras los murales de grandes dimensiones que había hecho en Vigo perdió ilusión por la actividad que lo había acompañado. Cuando Sendón y Suárez Canal pusieron en marcha la primera Fotobienal de Vigo, en el año 1984, el catalán volvió a mostrar interés por la fotografía. "Cando lle propuxemos participar neste proxecto díxonos que nin sequera tiña cámara", explicou Manuel Sendón. "Semanas máis tarde púxose en contacto con nós porque xa se fixera cunha máquina de fotos e realizou novas instantáneas para colaborar", añadió.
La Fotobienal de Vigo le devolvió las ganas de volver a ponerse tras una cámara y en sus participaciones en certámenes fotográficos se incluía entre los contemporáneos de Galicia. "Toda a vida foi catalán, pero en certa medida considerábase tamén algo galego", señaló.
Nuevas generaciones
La época en la que Ricard Terré desarrolló su obra, la fotografía y el arte seguían caminos diferentes y los pintores tenían una mala consideración de este arte. "O respecto intelectual logrouse nos anos 80, despois de reivindicar a forma cultural e o seu carácter artístico", dijo Sendón.
Hoy, la consideración del arte ha cambiado. "En todos os lugares o mundo da arte volveuse fotográfica", indicó el gallego. "Os museos galegos, como o Marco e o CGAC, inclúen na maioría das exposicións fotografías", señaló. Además, Manuel Sendón destacó que la Facultade de Belas Artes es una de las canteras de las nuevas generaciones de fotógrafos en Galicia. "Terré non deixou discípulos en Galicia, pero si unha obra significativa que perdurará no tempo", matizó.
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