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AMAT SAPENA Los movimientos migratorios han transformado la sociedad. Hoy es normal la convivencia de diferentes razas, culturas o religiones, y, cómo no, de diversas gastronomías. Una sociedad plural también en el estómago.
España es un país que ha recibido en las últimas décadas a personas que han llegado prácticamente de los cinco continentes, gente que ha traído su cocina y hasta sus ingredientes para poder hacerla. Hasta hace unos años era impensable encontrar en los mercados productos como la yuka, el mango, el tofu, etc. Hoy se habla de fusión culinaria.
Y la religión está unida la gastronomía. Alba Editorial ha publicado La cocina sagrada, un libro de Débora Chomski en el que se invita al lector a descubrir las claves de la alimentación y recetas de las cinco culturas religiosas más tradicionales: hinduismo, judaísmo, cristianismo, islamismo y budismo.
El hinduismo restringe la ingesta de carnes en la creencia de que consumir animales inocentes e indefensos pone en peligro a quienes las consumen y aboga por la restricción del consumo de alcohol. En lo que concierne a alimentos sagrados no se recomienda comer carne de vaca, de buey, de cordero y de aves.
En el judaísmo está prohibido el consumo de animales que se alimentan de carne o con desperdicios: león, cocodrilo, cerdo, jabalí, caballo, conejo, caracoles, marisco o peces sin escamas ni aletas. Sus alimentos sagrados son el pan y el vino, así como el aceite de oliva por su simbolismo religioso.
En el cristianismo no hay alimentos prohibidos por motivos religiosos ni normas específicas sobre el sacrificio de animales. Sólo los adventistas tienen una dieta parecida a la judía. Los alimentos sagrados son el pan y el vino, mientras que el pescado representa la pureza espiritual. En lo que se refiere al ayuno, los cristianos se abstienen de todo alimento en Viernes Santo y tienen prohibido comer carne durante la Cuaresma.
El islamismo es más estricto en sus leyes dietéticas. El Corán cree que existen alimentos que no se pueden ingerir porque son nocivos para el cuerpo o son tabú. La lista es extensa: las gelatinas, las enzimas, los emulgentes y las sustancias conservantes o para dar color a las comidas. Un musulmán tiene prohibido ingerir cerdo y jabalí, la sangre, las carnes de animales carroñeros, así como aquellos asociados con la suciedad (ratas y ratones) y, por supuesto, tomar alcohol. En lo que se refiere al sacrificio de animales, el islamismo marca una forma de degüelle ritual que resulta indolora para los animales.
El ayuno se practica en el mes de Ramadán, tiempo en el que no se come ni se bebe desde que amanece hasta que se pone el sol.
El budismo no tiene leyes dietéticas. Por filosofía, el budista es vegetariano, pero las características geográficas, orográficas y climáticas del Tíbet, lugar donde nació este credo religioso, escasea el vegetal y abunda más la carne, principalmente de yak, alimento sagrado.
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