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ÁGATHA DE SANTOS - VIGO El Ministerio de Igualdad ha lanzado una nueva campaña que con el lema “Si somos iguales, ¿cuál es la diferencia?” pretende concienciar de la corresponsabilidades familiares y domésticas del varón e incidir en un cambio de actitudes sociales dirigido a eliminar la diferencia de asignación de papeles atribuidos a hombres y mujeres partiendo de que las tareas del hogar y el cuidado de personas dependientes no es una obligación natural y exclusiva de las mujeres. El colectivo Homes Galegos pola Igualdade apoya esta iniciativa como un paso más hacia la igualdad real entre ambos sexos, aunque entiende que sólo desde la educación se puede acabar con la discriminación. “El hombre tiene que romper con el concepto de masculinidad dominante”, asegura su portavoz, Celso Taboada.
–¿Una campaña puede cambiar las actitudes respecto a los papeles que tradicionalmente se asignan a hombres y mujeres?
–Las campañas sólo surten efecto cuando sus destinatarios quieren escucharlas, aunque creo que de ésta se va a hablar y que se hable del tema ya es bueno. El hombre tiene que empezar a romper con el concepto de masculinidad dominante cambiando su modelo de participación, no siendo tan competitivo y agresivo, escapar de esa búsqueda de lo público y lo notorio y buscar el espacio doméstico. Hubo otra campaña del Instituto de la Mujer en la que se veía a un hombre limpiando un coche, que quedaba impresionante, y decía algo así como que si podía limpiar el coche, también podía ordenar la casa. Es cuestión de ganas.
–¿Por qué le cuesta tanto al hombre cambiar de mentalidad, aceptar a una mujer como una igual en todos los ámbitos?
–Porque es aceptar que hemos perdido cuota de poder y eso no nos gusta. Tampoco tenemos ejemplos en positivo y si los hay, están bien escondidos. ¿Por qué los mejores cocineros son hombres? ¿Por qué la cocina de la mujer se considera para alimentar y la del hombre es tecnológica y artística? Cualquier cosa que hace un hombre está sobrevalorada; es una mofa construida que nos interesa mantener.
–¿Qué gana el hombre renunciando a su poder en el ámbito público en favor de una mayor presencia en el privado?
–Cariño, disfrutar de la familia, de los sentimientos. Ahora que vemos la importancia que tiene el tiempo libre, hay que abandonar esa visión androcentrista del trabajo que dice que el hombre ha de ganar más dinero, y acercarse más a lo femenino: querer tener nuestro tiempo de ocio y comprender que lo que nos mejora es nuestra familia.
–¿Dónde se debe trabajar para acabar con los estereotipos?
–En la escuela porque es en la educación donde la Administración puede intervenir. Tendría que haber una mayor coordinación entre los ministerios de Igualdad y Educación en este campo.
–¿Se sigue perpetuando la diferencia entre sexos?
–El rol sexual es terrible. El hombre es un verdadero lobo y la mujer continúa buscando el ideal romántico. Los juguetes siguen siendo tremendamente sexistas, pero los programas de televisión y sobre todo los videojuegos, en los que actuamos como si fuésemos parte de ellos, son terribles, continúan siendo discriminatorios. Y no sólo sufre la mujer; el hombre también porque tiene que ser competitivo, agresivo, y no puede desarrollar sus sentimientos.
–¿Entiende lo que le pasa por la cabeza a un maltratador?
–Entiendo el porqué, porque viendo la televisión que vemos, jugando a los videojuegos que jugamos y haciendo caso de lo que nos dice la sociedad no sabe por dónde escapar. No tiene otro modo de resolver los problemas. Lo que no entiendo es por qué el resto de hombres no lo somos. Todos deberíamos ser maltratadores potenciales porque la educación que hemos recibido es la misma. Todos tenemos capacidad para robar y para matar, y, sin embargo, unos lo hacen y otros no. Por eso hay normas de convivencia. Lo que sucede es que el sistema penal es muy bondadoso con los maltratadores. Hoy sólo ingresan en prisión quienes han matado a su pareja. Pero el sistema es el que es. En España hay 300.000 agresiones cada año y encarcelarlos a todos no es asumible para el sistema penitenciario.
–¿Deberían endurecerse las penas?
–Muchísimo más, y habría que realizar un trabajo psicológico con ellos desde la cárcel.
–¿La violencia sexista tiene tratamiento?
–Al menos debería probarse. Al maltratador le faltan habilidades sociales para resolver conflictos y relacionarse. Hoy están en la cárcel, pero mañana saldrán a la calle y volverán con sus familias, con sus hijos, tendrán una nueva pareja... y no les interesará cambiar el poder que ejercían sobre ellos si no han aprendido a convivir sin esas cuotas de poder.
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