AMAIA MAULEÓN - VIGO
En las tribus africanas, los más viejos son venerados. Depositarios de la tradición, gobernantes o consejeros de los jefes, hechiceros experimentados. En las sociedades occidentales, la vejez se disimula, se esconde, se aísla y hasta se le cambia el nombre.
El nombramiento de Alberto Oliart, a los 81 años, como presidente de la Corporación de RTVE ha sorprendido a muchos y reabierto un debate eterno: ¿Está en condiciones una persona de esa edad para presidir una institución? En una sociedad fascinada por la juventud, los propios mayores se auto censuran por miedo al rechazo. De hecho, varios médicos y empresarios gallegos, que permanecen en activo, rechazaron aparecer en este reportaje por pudor a verse reflejados en un trabajo sobre personas mayores.
Sin embargo, hay otros muchos que reivindican su capacidad de seguir creando, dirigiendo y cosechando éxitos y no están dispuestos a jubilarse y quedarse sentados en un parque viendo pasar el tiempo. "La edad no puede ser un criterio de discriminación, sino la valía personal de cada uno", reflexiona Manuel Fraga que, con los 87 recién cumplidos, acude cinco días a la semana al Senado y mantiene una posición propia dentro del Partido Popular, del que es presidente honorífico. "Me encuentro bien y seguiré trabajando mientras Dios me lo permita", adelanta.
El político –que se dedica también a la escritura de libros y a ofrecer conferencias– no ve motivo de sorpresa en el nombramiento de Oliart: "Personas de más edad que él han triunfado en sus profesiones como Pertegaz (92), el misionero de 90 años Luis Ruiz Suárez, que dirige 145 leproserías en China, o el gran magnate Rupert Murdoch (78)", argumenta el político.
Además de la consabida experiencia, Fraga destaca la prudencia como una de las aportaciones en el terreno laboral que avalan a los mayores. "La juventud, con su ímpetu, carece de ella", apunta. "No defiendo una sociedad de viejos, pero hay que tener en cuenta que la gente de edad somos una reserva valiosa", concluye.
En España hay casi dos millones de octogenarios y los mayores de 65 años suman 8,5 millones. Los médicos advierten de que es imposible generalizar sobre el desgaste de las personas que alcanzan los 80 ya que las diferencias pueden ser enormes y depende mucho de cómo se haya desarrollado su vida, por eso hay que evaluarlas una a una para definir sus capacidades. Si hay que expulsar por decreto a los mayores de 80 años, nos quedaríamos sin las maravillosas obras de Saramago (87 años) o Delibes (89); sin las películas de Manoel Manoel de Oliveira (101), los diseños de Pertegaz (92), la lucidez del discurso de Santiago Carrillo (94 años) o la presencia sobre el escenario de Asunción Balaguer (84) y el Papa (82) tendría que mudarse del Vaticano.
En lo que coinciden todos es en que que el ejercicio físico contribuye a un envejecimiento más lúcido y largo. Eso lo sabe bien Manuel Rosales (Marín, 1935), que con 74 años, corre cada día entre 15 y 20 kilómetros, va al gimnasio y participa en dos maratones al año (entre ellas el de Boston, Nueva York y Londres) y varias carreras de fondo. "El deporte crea adicción; si no corro un día me siento mal, será por eso de las endorfinas que suelta el cuerpo...", comenta. Una frase resume el espíritu de este hombre: "Me queda tanto por hacer que el día me parece demasiado corto". Y es que además de corredor, Rosales es inventor y ha creado un dispositivo para cinturones de seguridad. "A mí no me sorprende que una persona de 80 años sea presidente de una institución, ya que aporta una experiencia y comprensión que no poseen los jóvenes. Lo importante es tener buena salud y entonces la edad no debe ser impedimento para nada", opina. Eso sí, "la salud no la dan gratis, hay que trabajarla".
Experiencia, serenidad de juicio, comprensión y paciencia son algunas de las cualidades que los mayores de este reportaje destacan como valiosas aportaciones de su grupo. La socióloga Amparo Almarcha añade una más: mayor tiempo libre. "Nosotros ya no tenemos hijos a nuestro cargo y podemos ser una gran ayuda para mejorar la conciliación laboral de los jóvenes", argumenta.
Inmigrante en el tiempo
Adaptarse a las nuevas tecnologías y a los nuevos modos de organizar el trabajo es indispensable para que las mentes lúcidas de los mayores sigan siendo aprovechables en el mercado laboral. El productor musical Jorge Álvarez es un ejemplo de esta adaptación y ha conseguido mantener su estatus en un medio como el suyo, en el que las tecnologías ocupan un lugar preeminente. "La electrónica lo ha revolucionado todo y los mayores nos encontramos como inmigrantes en un tiempo que no es el nuestro. Por eso, si quieres seguir formando parte de él, es obligatorio asumir y comprender", aconseja.
El que fuera descubridor de Mecano, Sabina, Olé olé, Antonio Flores, Manolo Tena o Luis Cobos, continúa hoy trabajando y no pone trabas a los viajes que habitualmente implica su trabajo. Recientemente estuvo en Galicia, donde apoya al grupo Phantom Club. Asegura que mantiene la capacidad de sorprenderse, "si no, no sería posible seguir trabajando y es algo que me apasiona y espero seguir haciendo muchos años más".
Al productor argentino le chocó el nombramiento de Oliart, "pero no por dudar de su capacidad, en absoluto, sino porque es una decisión contraria a la mentalidad actual en la que una persona de 65 años ya se la considera anciana, olvidándose de la inmensa sabiduría que atesora", explica.
Ese saber acumulado aporta a las personas mayores una mayor capacidad para resolver problemas. Así lo entiende el intelectual y galleguista Isaac Díaz Pardo, de 89 años. "Todos esos problemas personales y técnicos que surgen en cada una de las actividades, los podemos resolver mejor las personas mayores, siempre que no haya una descomposición intelectual, por supuesto", afirma. Díaz Pardo considera que su ayuda sería muy válida a la hora de elegir a las personas que dirigieran Sargadelos si consiguiera recuperarlo, un objetivo en el que se encuentra inmerso. "Hay que ser consciente de que a mi edad no puedo realizar la misma actividad de cuando tenía cuarenta años, pero sí puedo orientar a mucha gente que me pide consejo", apunta. Y no pierde el humor: "El arquitecto Oscar Niemeyer se casó a los cien años, así que vete tú a saber".
Se levanta cada día a las 7 de la mañana y, tras el desayuno, se sitúa ante su máquina de escribir. "Tengo más trabajo de naturaleza jurídica del que tuve nunca y mantengo algunas colaboraciones en medios de comunicación", describe. Con los años ha aprendido muchas cosas; una de ellas, "a estar callado, que a veces es muy adecuado", dice.
Luis Torras cumple en diciembre 97 años. El pintor vigués lo dice con orgullo, ya que para él la edad no es en absoluto un problema para seguir cada día entregándose al lienzo. "Me levanto a diario a las 7 de la mañana y trabajo durante bastantes horas", describe.
Se confiesa un afortunado, "es difícil encontrar personas de mi edad que sigan en activo, pero si están en buenas condiciones físicas, ¿qué te impide seguir trabajando?", increpa.
Torras no oye bien, pero ese problema físico no afecta a su profesión. "Sigo investigando con nuevos materiales, estudiando técnicas nuevas y disfrutando con la pintura; hay personas jóvenes que hacen mucho menos que eso", aclara.
"La sociedad aparta a un lado las cosas antiguas y a las personas viejas y a veces olvidan que podrían aprender mucho de nosotros", concluye antes de entrar de nuevo en su taller.
Tic tac. Suena el reloj en la sala. Torras no lo escucha pero, aunque lo hiciera, no le daría más valor del que tiene.