M.M. - VIGO
No es fácil pelearse con la sombra afilada de un modo de vida contrario a Matusalén; tampoco resulta fácil afrontar voces que repitan una y otra vez que estás acabado pero Sabina –el genio de Úbeda– aprendió en la calle a ser poeta y seguir adelante. Ayer, en Vigo, ante 3.000 personas, demostró que para nada está acabado y que sus directos son necesarios para aquellas almas que necesitan un soplo de versos.
Llegó de Salamanca con el buen sabor de un inicio de gira en el que se cuelga el cartel de "entradas agotadas" y le invitan a uno a dar un segundo concierto. En Vigo, se repitió la primera parte, con todos los billetes vendidos desde hacía un mes.
Para premiar a los fans más rápidos, invitó a los 3.000 afortunados al tejado-azotea de su escenario para disfrutar de las hermosas vistas de una ciudad nocturna y de un paseo por sus más de 30 años de canciones.
Aún no había subido al escenario del Pabellón de As Travesas y ya se oía un enlatado "Blues de alambique", que puso en pie al auditorio para recibir con aplausos una "Lili Marlene" instrumental a cargo de la banda. Hubo que esperar a "Tiramisú de limón" para oír la voz en directo de Sabina, que en medio del tema soltó un "boas noites". Recibió la primera de las innumerables y continuas ovaciones de la noche.
"Viudita de Clicquot" fue la elegida para el segundo baile. La canción fue agradecida con aplausos por un público que no veía a Sabina en directo en la ciudad olívica desde julio de 2006. Le siguió "Parte meteorológico" para a su fin saludar al público. Sabina –lleno de vitalidad, con buena voz e incluso danzarín durante todo el directo–, se dirigió al público dando la bienvenida, así como las gracias "por esperar, por ser tan cómplices. No puede olvidar uno lo bien que sientan los ribeiros, los mariscos". A continuación declamó un soneto, que al igual que en Salamanca, comenzaba por "Uno escribe siempre la misma canción".
Fue así como se cerró la primera entrega de temas del último álbum Vinagre y rosas, para dar paso a varios clásicos: "Medias negras", "Aves de paso", "Que se llama soledad"... además de "El boulevard de los sueños rotos", coreado por el público con energía.
Llegaría después una versión del "Llueve sobre mojado" de Páez, a cargo de Jaime Asúa (guitarra), para continuar su colega de banda Pancho Varona cantando y soltando al público un "gracias, sois cojonudos", mientras su nombre era coreado como el de una estrella de fútbol.
La siguiente en lucirse fue Mara Ramos, que se marcó dos temas, uno de ellos la copla "Te quiero más que a mi vida", que enganchó con un "Y sin embargo" que ya acompañó Sabina a la voz y la guitarra. El artista jiennense siguió con temas como "Cristales de Bohemia", "19 días y 500 noches", "Princesa", y cómo no "Y nos dieron las diez", entre otras canciones.
Para el colofón dejó "Pastillas para no soñar" tras más de dos horas y cuarto de concierto, con un público que se mereció un diez y un Sabina y su banda matrícula de honor en uno de los mejores conciertos de su vida.