F. FRANCO - VIGO
El año pasado se llevó el premio Fernando Lara de la editorial Planeta, y en éste a punto estuvo de llevarse con La bailarina y el inglés el mismo Planeta si no fuera por Ángeles Caso. Podría parecer que su historia literaria es reciente pero ya tiene 18 libros publicados y una de sus obras, El mapa creador, fue editada en 23 países. Pero antes que eso se licenció en Historia, fue editor, gerente de una empresa de teléfonos, actor ocasional... y habitante de Roma y Manila.
–Usted fue editor. Cuando quedó finalista del Planeta le diría a Lara “qué tal, colega”...
–Como de la luna al sol es la diferencia de aquella editorial mía a Planeta. La verdad es que tenía más vocación de editor que de escritor pero vi la dificultad para sobrevivir de los pequeños y acabé aliándome con el enemigo: me convertí en autor.
–Le habrá servido esa experiencia para comprender esas estrategias de las grandes editoriales a veces criticadas...
–Yo como editor he tenido hasta que distribuir la mercancía. Entiendo perfectamente las políticas de las grandes.
–¿Existe el escritor sin buena editorial?
–Uno puede escribir el Quijote pero si no tiene el amparo de una buena editorial con buena red de distribución da lo mismo, quedará en el anonimato.
–¿Escribe usted para los premios? ¿Se escribe diferente según el premio al que se opte?
–Yo gané en 2008 el Fernando Lara porque mi agente literaria me incitó a presentarme con El judío de Shanghai, recién escrito. Fue una gran sorpresa que, siendo un autor desconocido, obtuviera uno que había llevado gente como Umbral, Cervantes de las Letras. Con La bailarina y el inglés tampoco pensaba presentarme al Planeta de este año. Mi agente otra vez...
–Usted es licenciado en Historia, tocó el mundo editorial, del cine, teatro, fotografía... Buen bagaje para escribir...
–Cada vez que empiezo a escribir una novela me siento muy inseguro en cuanto a la ficción que voy a crear. Cuando soy capaz de ambientar la novela en un contexto histórico determinado es cuando me siento más seguro, es como si la Historia fuera un colchón de seguridad. Y es que además de historiador he sido documentalista.
–Hay dos capítulos de su vida: Roma y Manila.
–Mi paso por estas ciudades me marcó de modo radical. Manila, un bofetón moral, la realidad de un mundo opuesto a nuestra sociedad de privilegios, un espacio donde la vida es devastadora. Roma fue todo lo contrario, la ciudad nutricia de nuestra cultura occidental. Están en mis libros.
–Ahora no podrá escapar del acoso de la crítica...
–Cuanta más repercusión tiene la obra que publicas más ácidas suelen ser las críticas que recibes. No me puedo imaginar lo que me espera ahora quedando finalista del Planeta. Lo que me molestan son las críticas amparadas en el anonimato, más propias de internet.
–¿Qué es lo que hace que un libro tenga éxito?
–No existen recetas mágicas. El niño del pijama de rayas arrasó en España y malvendió en Francia. Mire, escribir es un oficio que, como el de un carpintero, se va aprendiendo. El éxito de la literatura es una cuestión de buen ensamblaje.