F. FRANCO - VIGO
Viejo maestro del periodismo en cuyas columnas han mamado, sobre todo en la Transición, generaciones de colegas, Abel Hernández (1944) tiene en las librerías el Premio Espasa que ganó este año: “Suárez y el Rey”.
–La suya ha sido una historia de niño de pueblo y de la guerra que llega a la universidad...
–Una historia imposible pero que hice a base de becas y el tesón de mi madre, que no quería que quedara en el campo.No hubo otro antes en mi pueblo.
–Antes la Universidad era elitista, ahora parece que excede en títulos al mercado...
–Yo he dado clases en la Universidad hasta hace poco y la verdad es que ha bajado de nivel notablemente. Ahora mismo, la cultura media de un universitario de Humanidades es la que había antes en cuarto de Bachiller.Y luego no tienen salida profesional. El panorama universitario está bajo cero.
–Esa civilización rural en la que usted nació, ¿está perdida para siempre?
–Donde había un árbol puede crecer otro pero, en realidad, nunca volverá a ser lo mismo. La cultura en la que convivían hombres y animales, los tiempos de siembra y cosecha, la relación con las estaciones,la vida y la muerte, la cercanía humana y la solidaridad... ya no vuelven.
–Y esa cultura del esfuerzo...
–Es verdad que ahora parece que se vive la ley del mínimo esfuerzo. Hemos pasado de la consideración del niño como un ser inferior al niño tirano o sobreprotegido al que no se le inculcan valores básicos.
–Es que estamos en una sociedad en la que lo único que se cultivan son los derechos...
–Es cierto que hay una tendencia a reivindicar al Gobierno pero a dar lo mínimo a la sociedad. De cualquier cosa se hace manifestación y se echa la culpa al Gobierno, incluso del mal tiempo.
–Hay una frase que hace de frontispicio de su única novela, Historias de la Alcarama: “lo universal es lo local sin paredes”. Podría valer para el nacionalismo...
–El nacionalismo podría hacer suya esa frase, es cierto, pero no el excluyente, que pone corralitos porque tiene prevención ante la tierra del vecino.
–Usted, que tanto vigiló con su pluma la Transición, ¿cree que la configuración del Estado quedó inacabada?
–A mí me parece un desastre que haya 17 economías. Una de las causas por las que nos cuesta más salir de la crisis es porque aquí hay 17 gobiernos con sus funcionarios para mantener. Un despilfarro espantoso sin una unidad económica suficiente. Y 17 historias de España.
–¿Usted la reformaría?
---En contra de las tesis nacionalistas, si hay que reformar la Constitución es para reconducir las autonomías hacia un núcleo irrenunciable del Estado en Defensa, Enseñanza, Educación... En vez de tanto buscar lo diferente, lo que nos se para, buscar lo común, lo que nos une.
–Esta corrupción que hoy aflora, ¿es la de siempre pero con luz?
–Siempre la hubo en los diversos niveles, partiendo de la picaresca del pueblo. Los partidos políticos son, por otra parte, un centro de dudosa financiación. Yo creo que hubo siempre un nivel de corrupción parecido pero no se puede extender a toda la clase política.
–El descrédito político, no obstante, parece inevitable...
–Uno de los grandes fallos de los partidos en España es que se han apoderado de las instituciones en vez de ser cauce.Con independencia de que la clase política sea mejor o peor, hay un distanciamiento manifiesto entre ella y la calle, igual que la hay con los grandes medios de comunicación, empeñados en luchas que no representan al resto de España.
–Parafraseando uno de sus títulos, ¿la España que quisimos tiene algo que ver con la España que tenemos?
–Yo creo que en este momento hay una crisis profunda por el desajuste de la España de las autonomías y el de las relaciones entre el poder político y las instituciones, por el intento del Gobierno de controlarlo todo, y que es preciso un reajuste urgente...
–¿Y cómo ve usted al Rey, tras haber reconocido su papel en la Transición y haber desvelado en su último libro sus relaciones con Suárez?
–Me inspira ternura, como a cualquier español. Suárez ya no tiene futuro, el Rey está vivo y muy lúcido, pero tiene la Historia a la espalda. A veces tiene que actuar en una terrible soledad y sacrificar incluso sentimientos por el bien de España y de la institución. Defiendo a capa y espada que el Rey nunca dejará de cumplir con su obligación. No le veo con ánimo de abdicar en el príncipe Felipe, y creo que todavía está en plena forma para mantener la Jefatura del Estado.