AMAIA MAULEÓN - VIGO
Las dudas, los temores, las nuevas aplicaciones y posibilidades del libro digital se debaten desde ayer entre 120 profesionales del sector que participan en un simposio en Santiago organizado por la Asociación Galega de Editores y que se celebra en el Consello da Cultura Galega. Javier Celaya, fundador de Dosdoce.com, uno de los más reconocidos analistas de España, fue el encargado de inaugurar el evento. El simposio continúa hoy con las conferencias, entre otros, de Manuel Bragado, editor de Xerais; Ignacio Latasa, director de Leer-e; Denis Zwirn, director de Numilog (Francia) y Luis Collado, de Google Book España.
–Las principales editoriales gallegas comienzan ahora a digitalizar sus catálogos. ¿Cómo va nuestro ritmo de adaptación?
–Hace tres años estuve aquí y en el entorno educativo el libro electrónico ya era una realidad. Galicia, junto a Cataluña, ha asumido muy bien esta tecnología. Ahora encuentro un cambio de actitud de los profesionales del libro también con respecto a la novela y el ensayo.
–¿Realmente el lector español está dispuesto a leer a su escritor favorito en una pantalla?
–Hace años se creía que los lectores accederían a leer en el libro electrónico temas de tecnología, información o educación, pero no la novela. Cuando empezaron a salir los móviles escuché las mismas dudas que ahora con los libros electrónicos, que si eran muy grandes, caros, inútiles... y mira ahora. Estados Unidos nos lleva unos tres años de ventaja y ya ha demostrado que sí se va a producir esa adaptación y con mucho éxito.
–¿Qué ventajas aporta respecto a su hermano de papel?
–Al pensar en un libro electrónico, inmediatamente lo asociamos con la lectura en el ordenador, que exige una postura poco cómoda y con una luz que, al cabo de un tiempo, provoca picor de ojos. Pero el libro electrónico no tiene nada que ver con esto. Como el de papel, lo podremos leer también en el sofá o en el autobús y la tinta electrónica permite una lectura muy amable. Además de la enorme capacidad de almacenamiento, estos dispositivos permiten personalizar la lectura, cambiar el tipo de letra, agrandarla, hacer anotaciones...
–Sin embargo, el precio de estos ciberlibros aún no está al alcance de todos.
–Cierto, pero ocurrirá como con los móviles, que bajarán muchísimo el precio y los acabarán regalando las editoriales o los periódicos, al principio para acceder sólo a sus contenidos, pero después se liberalizarán. Financial Times es uno de los pioneros; se lo regalará a sus suscriptores y, de este modo, consigue una retribución por sus contenidos en la red.
–La labor de los creadores, ¿también se verá condicionada por el formato electrónico?
–Por supuesto, veremos cómo los nuevos creadores, que ya han nacido con el lenguaje multimedia incorporado, no entenderán, por ejemplo, una biografía de Bach sin la posibilidad de escuchar sus piezas o de contar con un teclado que permita sentir cómo tocaría el músico. La capacidad de participar en la generación del contenido será una de las claves.
–Ante esta revolución, ¿cómo debe reaccionar el editor?
–Todo ha sido mucho más rápido de lo que se pensaba y el año que viene será el punto de inflexión en la comercialización de este formato. La semana que viene doy un curso a editores y libreros gallegos para ayudarles a ver su modelo de negocio en internet.
–Uno de los temores de los editores es la facilidad de “piratear” los contenidos digitales.
–Si los editores optan simplemente por volcar el mismo contenido de la novela en papel en un PDF, evidentemente tendrán que ofrecer ese producto a un coste menor, pero el futuro está en el libro enriquecido, que incluye otros muchos contenidos y texturas que no se podrán piratear. Como ejemplo, Nick Cave ha publicado en Estados Unidos al tiempo un libro en papel y en formato digital que incluye variados contenidos. El libro en papel cuesta 9,99 euros y en formato enriquecido 29,99 y es precisamente éste líder de ventas.