ANA DE LARRIVA
Ciclotímico, loco, caprichoso e irreverente. El mes de octubre nos hizo poner la gabardina y el bañador con igual facilidad, caracterizándose por un exceso de humedad en todos los sentidos. Cogió el relevo de un verano también excéntrico y siguió con los mismos cambios de humor. Las inundaciones bíblicas se conjugaron con piernas descubiertas, en una estampa más acorde con un país tropical que con Galicia.
¿Está mutando el clima o son sólo variables menos frecuentes pero lógicas de la evolución natural del tiempo? ¿Toca preocuparse o hay que quitarle hierro al asunto? El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en Galicia, Francisco Infante, aconseja no ser "muy categóricos" a la hora de apelar al cambio climático, aunque sus efectos puedan tener alguna influencia.
Las temperaturas elevadas de octubre, que todavía movieron a muchos vigueses a las playas, se extendieron en un mes "extremadamente cálido" en muchas zonas de Galicia. En los últimos años ya se produjeron episodios similares, a pesar de que es éste el cuarto en registrar las mayores temperaturas en España desde el año 1971, con una media que superó en 2,4 grados centígrados la estándar para esas fechas. Sólo 1995, 1997 y 2006 lo aventajaron.
"Es infrecuente, pero sucede; se aprecia esa tendencia al consultar los últimos registros. Se debió a la permanencia de un anticiclón, aunque no se debe ser concluyente a la hora de señalar otras causas", razona Infante.
El mes de octubre se caracterizó también por episodios de lluvia concentrada. Aunque en su conjunto resultó "un periodo ligeramente más seco de lo normal" en una gran parte de la Península, no ocurrió así en Galicia. Las inundaciones que asolaron Vigo el pasado día 5 de octubre, por ejemplo, registraron la mayor precipitación diaria de toda España, en unas lluvias "muy efectivas", con 79 litros por metro cuadrado recogidos en Peinador en tan sólo 12 horas. El sudoeste de la banda atlántica, con una situación cálida, acogió la llegada de un frente nuboso que se deslizaba longitudinalmente por la costa. "Fue efectivo, porque toda el agua que llevaban las nubes se precipitó en forma de lluvia en Vigo y sus alrededores". Fueron chaparrones intensos, sin tregua, que causaron problemas en el tráfico, el suministro eléctrico y la propia integridad física de los ciudadanos. "Son relativamente frecuentes estos temporales en la zona de las Rías Baixas. Lo que sucede es que el primero de la temporada, valga la redundancia, siempre nos coge más desprevenidos, y se magnifica un poco", añade Infante.
Parecía que los vestidos, las camisetas y las sandalias habían sido desterradas del vestuario hasta la próxima primavera, pero el calor y el buen tiempo regresaron de forma alterna en el transcurso del mes. Y, de repente, sin avisar, volvieron las lluvias y se asomaron por primera vez el frío y el viento. "Estos temporales son mucho más habituales, y como ya no son los primeros, no sorprendieron tanto", matiza.
Sin embargo, lo que llamó la atención fue el cambio brusco de temperaturas de la semana pasada, sobre todo porque se produjo el paso al otoño mucho más tarde de lo previsto. Hoy se prevé una subida de las temperaturas, pero mañana se volverá a una situación similar a la de estos últimos días.
La situación estacional, con masas de aire frío procedentes del Atlántico, con chubascos y rachas de viento. "Pueden darse días calurosos y despejados, pero serán casos puntuales", concluye Infante. Y es que el otoño llegó para quedarse.