F. FRANCO - VIGO
“No hay solución en Afganistán si no se acaba la guerra, que es previa a la instalación de la democracia. O decimos que les den y nos marchamos o hay que meter más tropas y más recursos. Y cualquier solución, en todo caso, pasa por conseguir allí aliados indeseables”. Eso dijo ayer en el Club FARo el periodista, ex reportero de guerra y actual director de Periodista Digital, Alfonso Rojo. El tema de su charla, “Afganistán, la guerra del fin del mundo” , no quiso saldarlo sin hablar claro y sin rehuir su opinión en temas delicados, como es su costumbre.
Presentado y entrevistado ante el público por Ana Rodríguez, periodista de FARO DE VIGO, Rojo reconoció que no guarda mucho cariño a este país que tanta veces visitó y habitó temporalmente como corresponsal de guerra porque, entre otras cosas, allí había perdido amigos como Julio Fuentes. Hilvanando recuerdos, dijo que estuvo allí en diversas etapas, y la primera vez que fue enviado para informar hubo de hacerlo desde Pakistán, porque eran los rusos quienes estaban en guerra con los talibanes y no permitían entrar a la prensa.
“Entré cuando tomaron el poder los talibanes, aquel tiempo en que se prohibía la música, la tele, el fútbol y hasta el vuelo de cometas y en la que los viernes presenciábamos la ejecución pública de los delincuentes, o la amputación quirúrgica de los miembros según la pena dictada. Quienes aplicaban la pena de muerte eran los familiares de la víctima, aunque antes la familia del condenado intentaban comprar el perdón de su vida a los afectados en un chalaneo increíble. Nunca fui testigo de que lo consiguieran”.
La única salida
En su opinión, para dar salida a un problema que parece enquistarse, para convertir al país en algo viable, “hay que apartar a los malos”, acabar una misión a la que de modo eufemístico llaman de paz pero que implica el enfrentamiento activo con un enemigo que cada vez se hace más fuerte precisamente por la indecisión de gran parte de las tropas aliadas.
Para el periodista, se está perdiendo allí la guerra por falta de decisión , porque salvo los americanos, británicos y australianos, los demás gobiernos allí implicados limitan mucho la operatividad de sus tropas y, más concretamente, España. “Sabemos lo que ocurre allí pero el que no parece tenerlo claro es nuestro Gobierno. El argumento de construir el país está muy bien pero no se puede construir la paz si no se acaba el enfrentamiento ya existente. España debe en primer lugar definir su misión y, si entiende que allí no pinta nada, abandonarla. Pero si se está allí hay que atenerse a las consecuencias. Y las reglas de enfrentamiento de nuestro ejército son muy limitadoras de su capacidad operativa”,
Escepticismo
“¿De qué sirve –preguntó– que construyamos escuelas si luego reprimen a las mujeres que asisten a ellas? Antes hay que hacer desaparecer a quienes ponen los obstáculos para edificar allí una democracia, quienes atentan contra la libertad de todos”.
En cualquier caso manifestó su escepticismo por esta democratización. “Países islámicos y democracia –afirmó– parecen en general términos muy incompatibles, sobre todo en espacios como Afganistán, más cerca de la Edad Media que de la modernidad”. La guerra de Afganistán todavía no está perdida según Alfonso Rojo. Aún se puede ganar y para hacerlo basta aplicar una estrategia bifronte en su opinión: hay que reconstruir su economía y derrotar a esa alianza criminal que forman Al Qaeda y los talibanes.
Para Rojo no hay sucedáneo para la victoria sino actuar duramente. ”Por mucho que le cueste reconocerlo –afirma– al Gobierno, esos dos conceptos son inseparables. No se puede dotar a los afganos de una administración digna de ese nombre, sin una victoria militar. Total. No sirven las medias tintas. El Gobierno que se empeñe en presentar la presencia de sus tropas en Afganistán exclusivamente como una contribución a la reconstrucción del país, ofende a sus militares y los pone en peligro, además de engañar a sus ciudadanos”.