TINO PERTIERRA
Preparados, apunten, ¡juego! El final de año llega cargado de plomo caliente tras un año no demasiado brillante en títulos que merezca la pena recordar. Dos propuestas listas para arrasar en ventas y zafarranchos multijugador: “Borderlands” y “Operation Flashpoint, Dragon Rising.” Muy distintos en sus planteamientos (uno se hace el descarado y el otro se pone muy serio), pero parecidos en cuanto a resultados: altísima calidad en todos los niveles, dando entera libertad de acción a los jugadores sin encorsetarles con una historia excesivamente lineal. De ahí que ambos ofrezcan un territorio de horizontes lejanos y deje al jugón un margen de maniobra más que aceptable. Sobresaliente.
“Borderlands” permite elegir entre cuatro tipos distintos de personajes para moverse a sus anchas por el peligroso planeta Pandora, donde se ha abierto una caja de truenos no apta para espíritus débiles. Con un toque estético que imita al cómic y le da una personalidad acusada y original, el juego plantea la degeneración de quienes llegaron al planeta para colonizarlo y acabaron convirtiéndolo en un escenario de guerras a cual más guarra. Ya se sabe, codicia, odio, rencor. La lucha por los recursos naturales (¿no les recuerda a Mad Max?) y un enigma alienígena cargan de intensidad un juego repleto de criaturas tan feas como matonas. Y voraces. El que sobrevive, gana. Y no es sencillo. Que se lo digan, si no, a los cuatro posibles personajes que podemos encarnar en un apocalipsis donde el mal campa a sus anchas, pero que tiene sitio aún para alianzas que ayuden a salvar el pellejo. La elección no es asunto banal: cada luchador tiene sus habilidades específicas, y como nos equivoquemos de gatillo la cosa se complica y la fosa se aproxima.
Como el humor no falta en “Borderlands”, un casquivano robot hará las veces de guía para dar los primeros pasos sin meter demasiado la pata. No hay que asustarse: el control es sencillo y no hay que estudiar ingeniería para dominarlo. Una vez puestos en marcha, el juego lanza misiones principales o secundarias que se pueden llevar a cabo cuando nos dé la irreal gana, y gracias a las cuales podremos ir metiendo dinerito fresco en la saca para comprar armamento y adquirir experiencia. Y sin experiencia, subir de nivel es imposible. Como la vida misma.
Por información que no quede: sabemos en todo momento el daño que reciben los enemigos y la experiencia que acumulada. Con un arsenal variado (aunque sólo podremos cargar con un número reducido de armas, no es Jauja) y no pocas habilidades de las que echar mano cuando el asunto se pone feo, “Borderlands” tiene el gran mérito de mejorar a medida que se avanza por su inmenso territorio (al principio se puede ir a pata, pero pronto serán necesarios vehículos para no acabar derrengado) en un crescendo absorbente y seductor. Y si bien el juego explota todo su potencial cuando hay cuatro jugadores al mando, también en solitario se disfruta a lo grande un título de bellísimo acabado y jugabilidad sin pausa durante horas y horas y horas. En fin: imprescindible.
“Operation Flashpoint, Dragon Rising” –también se lanza al cuello de la acción pura y dura en espacios inmensos, pero aquí no se trata únicamente de cumplir misiones con el arma siempre por delante y buscando enemigos a los que abatir en cantidades industriales. Esto simula ser una guerra real y más vale que nos olvidemos los ataques a pecho descubierto si no queremos acabar acribillados a las primeras descargas de cambio. O sea, que a pensar toca. Hay que preparar bien la táctica a seguir, y dar las órdenes adecuadas para que nuestro equipo sea una ayuda y no un estorbo. Y más vale que lo hagamos bien porque, a diferencia de otros juegos en los que los camaradas son poco menos que invencibles y autónomos, aquí sus vidas penden de nuestros hilos. Como fallemos, adiós muchachos, compañeros de mi pifia.
La acción se desarrolla en una isla ficticia en el Océano Pacífico llamada Skira y que está metida en un buen fregao de guerra.
Claro, los marines de Estados Unidos son enviados al conflicto y ahí empieza lo bueno. La libertad de acción del mítico primer “Operation Flashpoint”, que buscaba y conseguía en gran medida un realismo bélico no apto para impacientes, se lleva al máximo ahora con más de 200 kilómetros cuadrados a nuestra disposición. Sí, han leído bien. Una pasada. Los que presuman por ahí de ser más rápidos que nadie o de poner la bala donde pongan el ojo lo tienen crudo. O te lo piensas diez veces y adoptas las mismas precauciones que cualquier soldado en una guerra –real o ya puedes prepararte para morder el polvo.
Órdenes en grupo
La posibilidad de dar órdenes en grupo o singularizadas está muy lograda y evita líos o errores que juegos similares padecen en exceso. No es que haya que ser Rommel o Montgomery para salir airoso de las misiones, pero la solución Rambo queda descartada. Eso es lo más interesante y divertido del juego, si nos conformamos con acción directa al estilo “Call of duty” o “Medal of honor”, no sabremos lo que tenemos entre mandos. Ojo: hay momentos en los que hay que dejarse de gaitas estratégicas y ponerse a buscar refugio y disparar a lo que se ponga por delante o por detrás, pero ése no es el gran aliciente de OF, su gran arma para despuntar en un mercado saturado de títulos donde prima el gatillo fácil y la bomba a granel. O sea, que ya nos podemos olvidar de encontrar botiquines a cada paso para recuperar salud. Aquí hay que curarse en ella antes de que empiezan a silbar las balas, y como metamos la pata ya podemos darla por perdida. Ni qué decir tiene que es un superjuego para estar enrolados durante muchísimo tiempo, y con la tensión por las nubes: en cualquier momento puede caer de ellas una lluvia de plomo.