ANA RAMIL - A CORUÑA
De simples animales de compañía a mediadores terapéuticos y verdaderos artífices de que personas con síndrome de down, niños hiperactivos e incluso pacientes con alzheimer mejoren su calidad de vida. Caballos, perros, burros o gatos se han convertido en improvisados médicos de cuatro patas que de la mano de terapeutas y psicólogos gallegos ayudan a que estos pacientes puedan comunicarse mejor o recuperar la movilidad perdida.
Unas terapias que ganan a las tradicionales en la rapidez de su eficacia. "Con los animales puedes trabajar todos los niveles a la vez: cognitivo, físico, sensorial, afectivo y social", señala Elsa Pérez, la psicóloga de la asociación Andrea de Ourense, donde realizan tratamientos con burros.
Las terapias con animales todavía son unas grandes desconocidas en Galicia pero quienes las prueban no dudan en repetir. Los expertos miran hacia otros países y apuestan por que la población deje de ver a estos animales como simples mascotas.
Pese a no ser mayoritarias, sacar el máximo rendimiento a una sesión con el psicólogo o el fisioterapeuta gracias a la compañía de un animal ya es posible en casi toda la comunidad gallega. Sólo en A Coruña se puede acudir a terapias con perros y caballos y para quienes prefieran un burro, basta con desplazarse hasta Allariz.
? Hipoterapia. Recurrir a los beneficios del movimiento del caballo para tratar diferentes afecciones físicas y mentales es algo que se remonta hasta la Grecia clásica. Hoy la hipoterapia está recomendada para cualquier persona con discapacidad física o mental: pacientes con enfermedades neurodegenerativas, parapléjicos, anoréxicos, personas con espina bífida o problemas de comportamiento.
Es el caso del centro Pinteño en Cambre (A Coruña), donde trabajan desde con niños hasta personas de la tercera edad. "Los pequeños sacan un gran provecho de estos tratamientos porque están mucho más relajados que si están en la consulta del especialista", indica la encargada, Carmen Hormigo.
Los pacientes deben familiarizarse con el caballo y ellos con sus nuevos jinetes. Lo primero es ayudar en las tareas de limpieza o darle de comer al animal. Después llegan las sesiones con el psicólogo y el terapeuta. No hay que aprender a montar, simplemente el paciente seguirá las indicaciones del experto para beneficiarse de los movimientos del animal. "El trabajo que realizan es muy duro porque no descansan nada. Se trabaja todo el cuerpo al mismo tiempo y sin dejar de moverse", añade Hormigo.
? Terapia asistida con perros. Hace once años que el centro canino Montegato de Oza dos Ríos (A Coruña) comenzó a ofrecer terapia asistida con perros con la terapeuta Adriana Ávila. Desde entonces han trabajado con todo tipo de pacientes desde personas con demencia y parálisis hasta enfermos de cáncer, gente con depresión o personas que simplemente tienen fobia a estos animales.
Los educadores adiestran a los perros desde pequeños, pero luego deben adaptarse a cada paciente. "No cualquier perro sirve para la asistencia. Hay razas más predispuestas como los golden, pastores alemanes, perros de agua o el can de palleiro. Tienen que ser animales equilibrados, sensibles y que logren concentrarse en la terapia", señala Octavio Villasela, director del centro.
Hay prototipos de ejercicios destinados a determinados colectivos. "El perro manta es cuando el animal se acuesta para que el niño se pueda colocar encima. Esto les ayuda a estirarse para coger una pelota, por ejemplo", indica Villasela. "A las personas con alzheimer las tratamos a partir de rutinas. Si tienen que darle el desayuno aunque no se acuerden de qué hora es, al final, saben que es por la mañana", añade Ávila.
Los beneficios del perro son tanto a nivel físico como anímico y sus aplicaciones parecen no tener límites. "En EEUU se está probando su utilidad para detectar cáncer de piel en estado precoz a través del olfato", indica Octavio Villasela.
? Terapia con burros. Quienes realizan terapia con estos animales aseguran que todo son ventajas. "Pese a la fama que tienen, los burros son animales muy sociales, con muy buena memoria y muy cariñosos", señala Elsa Pérez de Andrea, asociación pionera a nivel estatal en este tipo de tratamientos. "El contacto con estos animales estimula los sentidos y las emociones de los pacientes. Los enfermos aprenden que en función de cómo traten al burro, él les tratará a ellos y esto les obliga a controlar su actitud", indica Elsa, quien añade: "Hay casos muy curiosos como con las personas mayores que tienen alzheimer. Sus acompañantes aseguran que en una sesión con burro avanzan mucho más que haciendo puzzles en la residencia".
Pero no sólo los mayores se beneficían de los que Pérez define como "mediadores terapéuticos". "También tratamos niños hiperactivos, personas con alguna minusvalía o incluso gente que está en desventaja social, que tiene comportamientos violentos o carencias de afectividad", indica la psicóloga.
Técnicas similares a cargo de terapeutas de cuatro patas que se personalizan para cada caso. Una forma de mejorar la calidad de vida de la que se benefician tanto el paciente como el animal.