S. CAMESELLA / I. ENRÍQUEZ - VIGO
Jóvenes sin antecedentes, con buenos expedientes y procedentes de familias estructuradas. Éste es el perfil de los siete menores acusados de los disturbios registrados durante las fiestas de Pozuelo de Alarcón (Madrid) el pasado fin de semana. Un “currículum” que no coincide con el patrón general de los delincuentes comunes, de ahí que el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, atribuya esta indisciplina juvenil a la falta de autoridad de padres y profesores. Su opinión coincide con la mayoría de los progenitores gallegos, que asumen su responsabilidad en la educación de sus hijos aunque matizan que el Estado es demasiado permisivo con los menores al aprobar ciertas leyes.
“Ahora no puedes ni darle una palmada a tu hijo porque te denuncian”, señala Carlos Pérez, que tiene un hijo de cuatro años. “Lo que no es normal es que el Estado permita esto”, continúa y exclama airado: “Así los niños dominan a los profesores”. Fátima Martínez coincide con él: “Un tortazo de vez en cuando no viene mal”. Sin embargo, esta madre de un niño de 9 años diverge con Carlos en señalar al culpable de la pérdida de autoridad de los profesores. “Somos los padres los que no respetamos a los maestros porque cuando hay un problema siempre los increpamos, atribuyéndoles toda la culpabilidad”, señala.
La mayoría de los padres consideran que el papel del profesor es enseñar y no educar. Al mismo tiempo, convienen en que el tuteo a los maestros no implica una falta de respeto, como señaló el Defensor del Pueblo en relación a los hechos de Pozuelo. “El respeto no se gana con un usted. Esto no va a hacer que un profesor sea mejor o peor”, afirma Nuria Domínguez. En este sentido, Enrique Campoy, profesor de Primaria, añade: “El respeto se gana a través de los actos y la forma que tienen de tratar a los niños y regir la clase, el dirigirse de tú o de usted, no marca ninguna diferencia”.
Y aunque los progenitores asumen su responsabilidad en el ámbito educativo, las justificaciones sobre el porqué los chicos se saltan las reglas son divergentes: “El problema es que queremos ser amigos de nuestros hijos y eso no puede ser”, aventura Montse Giráldez, madre de dos niñas. “Aunque es todo: los medios, el consumismo...”, recalca. El matrimonio formado por Juan Flórez y Silvia Millabur, por su parte, declara que en el desarrollo del niño también influye “el ámbito y las amistades”. Mientras Fátima asegura que los padres hoy en día “tienen muchas preocupaciones y no se enteran de lo que hacen sus niños”.
Muchas veces el problema deriva en que los progenitores no conocen a sus hijos ya que no hay comunicación ni relación entre unos y otros. “Todos pensamos que los nuestros son unos santos”, afirma Nuria Domínguez. No obstante, los hay que opinan que esa dejadez e ignorancia acerca de lo que hacen los niños es el resultado de una ecuación simple: a más dinero, más indiferencia.
“Yo tengo alumnos de familias adineradas que sólo ven a sus padres en el desayuno. Para éstos es más importante estar con los amigos o irse de compras que entablar una conversación con los chavales”, alega Enrique Campoy. Asimismo, los padres apoyan las palabras que Enrique Múgica dedicó a la “sociedad democrática actual”, de la que manifestó que todavía tiene pendiente “aprender” la diferencia entre “libertad y libertinaje”. “No hay un término medio, hemos pasado de la represión a la libertad desmesurada”, sostiene Carlos Pérez.
La solución al problema de la falta de respeto se presenta compleja, aunque son muchos los padres que apuestan por un equilibrio justo, un tira y afloja entre la libertad y la disciplina. “Nosotros intentamos ser lo más tolerantes posibles aunque también marcamos ciertas pautas y reglas de convivencia” manifiesta Nuria Domínguez y añade: “Si decimos que se pone la mesa, se hace, sin excepciones. Hay que inculcar ciertos valores ya desde pequeños, para que se acostumbren a tener responsabilidades”. Juan Lestón, por su parte, reconoce que es un padre estricto: “Después de ver lo que pasa por ahí a veces es necesario meter caña”, declara en relación a los disturbios de Pozuelo.
Medida absurda
Después de “haber quemado coches de policía, mobiliario urbano y haber pegado” a varios agentes, como declaró el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, los jóvenes de Pozuelo fueron condenados a tres meses de libertad vigilada y se les prohibió acudir a las fiestas o ferias de pueblos después de las diez de la noche durante este tiempo. Una medida calificada como “absurda” por algunos y “desmesurada” por otros.
“¿Quién se va a asegurar de que esos niños no salgan?, ¿Va a haber un policía en la puerta de cada casa?”, se pregunta Enrique Campoy. Susana Ribas comparte sus dudas y afirma que esta solución “es una tomadura de pelo”. Como alternativa propone que los chicos hagan algo positivo para la comunidad a través de algún programa de servicios sociales. “Deberían ser conscientes del daño que han causado, de que existe un castigo proporcional a ello y no irse de rositas, como si nada hubiese pasado”, añade Ribas.
Aunque a la mayoría el “castigo” les resulta ridículo, hay progenitores que lo consideran exagerado. Éste es el caso de Montse Giráldez que sostiene: “Me parece desproporcionado y no creo que sea efectivo”.