EFE - MADRID
No besar, no tocar, mantenerse a un metro en el contacto con el enfermo, evitar lugares concurridos, trabajar desde casa, consultar al médico por teléfono, extremar la higiene, no compartir cubiertos o bebidas, y tampoco el agua bendita.
Frenar la expansión de la gripe A exige distancias. Actualmente no hay motivos para alterar la vida cotidiana, pero "es posible que determinadas medidas deban implementarse pronto, cuando tengamos la ola epidémica del virus. Uno de cada tres españoles enfermará", declara Raúl Ortiz, director del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, centro de referencia junto con los de Majadahonda (Madrid) y Barcelona.
Las recomendaciones –principalmente lavarse las manos con frecuencia; taparse al estornudar o toser; usar los servicios médicos con prudencia y evitar el contacto físico– se cuelan desde los medios de comunicación, mobiliario urbano y centros de trabajo. "En cuestiones de saludo, los europeos, y en particular los mediterráneos, somos más afectuosos", señala Juan José Rodríguez, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), "pero en caso de una infección vírica, "es mejor no prodigarse en relaciones sociales".
Una reciente encuesta del portal de internet ´Yahoo´, a la que respondieron más de diez mil internautas, concluía que un 64 por ciento de españoles no estaba dispuesto a dejar los besos de lado. "Está demostrado que cuando la gente se saluda o se besa comparte virus y bacterias que contribuyen a la inmunización espontánea frente a las enfermedades", explica Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos y sociólogo. "Los expertos dirán si puede aplicarse al caso del H1N1", declara, y añade: "Va a ser difícil que en una situación social de saludo la gente modifique un ritual".