SELINA OTERO
La mujer frágil, con fama de recta, intransigente y trabajadora incansable, número dos del Gobierno y mano derecha del presidente José Luis Rodríguez Zapatero aprovechó hasta el último de día de sus vacaciones, como el resto de los mortales, los rayos de sol de la costa catalana.
La instantánea de un perspicaz paparazzi en una playa de Vilanova i la Geltru ha logrado exponer a la opinión pública las armas secretas de la portavoz del Ejecutivo central en la recta final de su descanso estival. Hoy se incorporará a su puesto para dirigir el primer Consejo de Ministros de la temporada. Ataviada con un bikini estampado, María Teresa Fernández de la Vega luce una figura espléndida a sus sesenta años pese a las continuas críticas a su extremada delgadez; un rasgo propio de su metabolismo y no adquirido, según fuentes próximas a la vicepresidenta. "Echo de menos el tiempo libre; disfruto dando largos paseos", afirmaba De la Vega meses después de su incorporación al Ejecutivo de Zapatero. Durante las últimas semanas ha podido revivir sus añoradas caminatas por la orilla de las playas de Vilanova. La intimidad de la "vice", la primera mujer en la historia de España en alcanzar el cargo de número dos, se vio truncada ayer por la presencia de reporteros en el arenal tras detectar la presencia de un tiburón a 100 metros de la costa. Aprovechando la cobertura de la noticia, un fotógrafo "pilló" sana y salva, aunque desprevenida, a la valenciana, cuya silueta le permite atreverse con un dos piezas muy veraniego en el que deja al descubierto su cintura, la misma "cintura política" que, según Zapatero, lleva demostrando desde su llegada al Gobierno. Criticada, desde sus inicios en Moncloa por carecer de la autoridad necesaria para el cargo o por ser demasiado buena para ser vicepresidenta, De la Vega no pierde el semblante de seriedad típico de la élite política ni en la playa. Quizás la inoportuna presencia de periodistas en el arenal le haya resultado incómoda, sintiéndose más amenazada por los objetivos que por el propio tiburón: no es extraño tratándose de una política de rigor, celosa de su intimidad y con un estilo sobrio y austero cuyo máximo exponente es un traje chaqueta en tonos malvas. De la Vega no ha sido la única "pillada in fraganti" en su tiempo de ocio. El año pasado, la ex ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, lucía un bikini azul turquesa en una cala de Mallorca. Más habitual es ver a Ana Botella, que huye del dos piezas diseñado por el ingeniero Louis Reard en 1946 y opta por el tradicional bañador para realzar su figura. También este verano, lejos de los posados estivales que popularizó Ana Obregón, trascendió a los medios de comunicación los "robados" de Emilio Pérez Touriño y José María Aznar.