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TANIA ALONSO - VIGO En pleno verano el negocio de los chárters náuticos va, nunca mejor dicho, viento en popa. Gabriel Mayo, dueño de MiraGalicia, habla de una “demanda excesiva a pesar de la crisis”, no en vano, en Galicia entre el 80 y el 90 por ciento de los beneficios de este negocio se obtienen en época estival.
¿Qué busca las personas que requieren estos servicios? Sobre todo, una experiencia nueva y, cómo no, disfrutar del mar. A la gente le gusta la intimidad que proporciona el barco, poder trasladarse de playa en playa y varar en las islas.
El negocio, que triunfa en el Mediterráneo porque las condiciones meteorológicas son más favorables, está pegando con fuerza en Galicia. En los últimos años las empresas que ofrecen estos servicios en nuestra comunidad han pasado de dos a once, lo que supone un incremento de más de un 80 por ciento.
Los requisitos para poder disfrutar de estos paseos náuticos son respetar la zona de navegación y de fondeo. No obstante, en ocasiones se prohibe llevar tacones o suelas negras para evitar que uno se lastime por culpa de la inestabilidad del barco o dañar el piso del mismo.
Los precios en verano alcanzan sus máximos, la media es de unos 800 euros al día pero las cifras oscilan dependiendo del tipo de embarcación (pueden sobrepasar los mil euros). Por el contrario, en temporada baja el alquiler de estos chárters llega a reducirse hasta la mitad. “Como en el barco pueden ir hasta unas diez personas, con 70 euros por cabeza pueden organizar la jornada”, explica Francisco Troncoso, de Azul Azul Charter.
Muchos de los clientes son asiduos y los que acuden por primera vez suelen hacerlo gracias al boca a boca, que es lo que más publicidad da al negocio.
Bodas y negocios a bordo
Cada cliente quiere un viaje personalizado. Las familias optan por planes tranquilos en los que prima pasar una jornada de navegación por las diferentes playas y atracan, preferiblemente, en las islas Cíes o las Ons. Si lo prefieren pueden llevar comida y cocinarla en el propio yate.
Las familias suelen alquilar el barco durante varios días lo que no supone ningún problema ya que “los clientes pueden llevar lo que deseen, alquilar la embarcación por horas, días o semanas y para dormir disponen de camarotes”, cuenta Francisco Troncoso.
Los jóvenes, por el contrario, requieren este servicio de alquiler para organizar fiestas. La mayoría consiste en despedidas de soltero y soltera. “Para este tipo de celebraciones se puede subir bebida al barco y después se olvidan del problema de tener que coger el coche”, afirma Salvador Martínez, de Aluyates Galicia. En el sur de nuestra comunidad, para este tipo de fiestas lo más común es fondear las playas de la ría y bajarse en las zonas de movida de Vigo, Baiona y Sanxenxo.
Por otra parte, la gente de negocios busca, además de un buen rato, sorprender a sus clientes con un día de relax y de navegación. En muchas ocasiones, esta cortesía no es sino una manera de propiciar el contexto más idóneo para cerrar algún negocio o fidelizar al cliente.
Fuera de los cauces habituales, algunos aprovechan la ocasión de tener un barco a disposición para celebrar algo más especial, por ejemplo una boda. Es el caso de una pareja que decidió usar el yate para la ceremonia y después se sirvieron de el para trasladarse hasta la Isla de San Simón y continuar con la celebración.
¿Quién maneja el timón? Si las personas que contratan el servicio disponen del conocimiento suficiente pueden manejar el barco, aunque lo más habitual es que sean los dueños los que capitaneen el viaje.
En ocasiones, si el cliente cuenta con una experiencia mínima se le permite la posibilidad llevar el timón. “Se podrían denominar prácticas gratuitas”, cuenta Salvador Martínez.
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