ILDARA ENRÍQUEZ/EFE - VIGO
"¡Me voy de Rodríguez!", cuarenta años han pasado ya desde la primera vez que se empezó a utilizar esta expresión, el propulsor –o inventor– de dicho tópico fue el cine español de "destape" de directores como Landa, López Váquez o los Ozores, que difundió la historia de esos hombres, cabezas de familia, que se quedaban en casa trabajando durante las vacaciones mientras la prole emigraba de veraneo. Un siglo más tarde, la expresión no ha perdido fuerza y, mucho menos protagonismo, aunque esta vez esa ficticia ilusión de "soltería por un día" se extiende también entre las Evas de todo el país. Y es que, unos días sin su Adán, tampoco están tan mal.
El caso es que la mujer moderna también trabaja, también se harta de aguantar a la pareja y también se le antoja su privacidad. Son cada vez más las que aprovechan esa soledad para hacer de las suyas por la ciudad, con las amigas, o simplemente relajándose en el "retiro espiritual" que pueden ofrecer esas cuatro paredes silenciosas de su hogar. Ya sea de forma prolongada, en pequeñas escapadas con las compañeras, o aprovechando unas pocas horas del fin de semana, las hay que prefieren ir de "Rodríguez" con las amigas, y despejarse de las obligaciones de ser esposa, madre o novia las 24 horas del día.
"En mi caso – escribe "Brujavería" en un foro de la red frecuentado por los Rodríguez –, los que están disfrutando del sol y la playa son mi marido y mis hijos. A mí me ha tocado quedarme en la ciudad durante dos semanitas". La pelota pasa de campo, y es ahora el hombre maduro, con tripita cervecera apostillado al sillón el que se marcha con los niños, dejando a la "parienta" sola y trabajando. Algo que esta cibernauta admite agradecer ya que, aún echándolos de menos, no niega necesitar un "un poco de tranquilidad en el hogar" y, sobre todo, algo de tiempo para sí misma, "que me lo merezco", exclama.
Pero "Rodríguez" no lo son sólo las mujeres maduras, con familia, trabajo y una casa a su nombre. Aunque sólo sea por unas pocas horas, las jóvenes viguesas también apuestan cada vez más por el método Rodríguez, de forma equilibrada, para hacer sus noches de fiesta más amenas. No es que pretendan ir "de caza", o desmelenarse hasta el punto de hacer el ridículo, simplemente ansían pasarlo bien "sin controles, preocupaciones ni agobios" en una noche sólo para chicas.
"No me gusta salir con mi novio porque siempre anda pegado a mí y quiere estar sólo conmigo, bailando, hablando o de la mano. Muchas veces quiere que nos vayamos antes de tiempo y si decido quedarme se pasa todo el rato mirándome con mala cara. No es lo mismo que cuando salgo con mis amigas, sin agobios, y con mucha más libertad", relata Raquel, de 23 años.
Delia, de 20, coincide, y añade que lo de salir,con o sin el novio, es una cuestión de comodidad, tanto para uno como para el otro. "Cuando salgo con mis amigas es diferente, porque nosotras estamos a nuestra bola y hablamos de nuestros temas, cosas que no hablaría con él porque, seguramente, no le interesan. A parte, si sales con todos a la vez tienes que estar pendiente de unos y de otros y muchas veces él acaba apartado, y eso tampoco me gusta", explica.
Las razones pueden ser muchas o ninguna en especial: celos, un control desmesurado o una forzosa inhibición, pueden ser las causas que empujen a estas "separatistas" a una noche de libertad. Aunque lo cierto es que tampoco todo es generalizar, y las hay como Nuria que practican el famoso "ni contigo ni sin ti" de Sabina. "A mí me gusta salir con y sin mi novio, lo cierto es que somos de la misma pandilla así que me encanta cuando salgo con él. A veces estamos juntos o cada uno por su lado, y la verdad es que siempre me lo paso genial".
Con todo, no existe una regla fija que dictamine que este comportamiento sea algo habitual, según el sexólogo Iván Rotella, "hablar de "Rodríguez" es "hablar de épocas