ÁNGELA LIÑARES - VIGO
La actuación que soprano vasca Ainhoa Arteta ofreció ayer en Castrelos demostró que efectivamente su voz se encuentra en el mejor momento.
Puntual a la cita, la intérprete apareció en el escenario ante las 10.000 personas que abarrotaban el auditorio vestida con un elegante vestido morado para dirigirse al público con un "Boas noites, Vigo, me hace mucha ilusión estar aquí", e inmediatamente disculparse por el uso del micrófono. "No estoy acostumbrada", justificó en referencia a su carrera como soprano.
"La Vida", composición del cubano Silvio Rodríguez que da nombre al álbum y su favorita, fue la elegida para abrir el recital. Desde las primeras filas hasta el graderío, el público vibró y se emocionó con la apuesta de la soprano por hacer un disco diferente y alejado de la sobriedad de la lírica a la que sus seguidores están acostumbrados.
Las versiones de artistas de la talla de Elvis Presley, The Beatles o Eric Clapton que sonaron en Castrelos durante la hora y media que duró el concierto, hicieron viajar a través del tiempo a los asistentes de la mano de la potente voz de la soprano.
Cuando el piano hizo sonar los primeros acordes de "Love me tender", el público comenzó a tararear la melodía, acompañando a una Ainhoa Arteta que se mostró diferente en cada tema, adaptándose y haciendo alarde de su gran capacidad interpretativa, que sacó a relucir sobretodo en "Ricordi della sera", canción en la que recordó su época de estudiante en Italia y que gesticuló como si bailara con el bebé que espera. También emocionó al público con el tema "Alfonsina y el mar", donde realizó un homenaje a las personas que padecen cáncer.
La agradable temperatura de la noche se confundieron con la calidez de la voz de la soprano, que pasó de la tristeza de "Tears in heaven", al romanticismo melódico de "Michelle", canción que despertó una nostalgia absoluta en la expresión del público.
Un piano, un contrabajo, un cajón, dos saxos y una batería fueron la guarnición de un plato servido en su punto, que culminó cuando la soprano entonó los primeros compases de "Lamento borincano", antes de los bises entre los que destacó "La vida es un carnaval", que transformó Castrelos en una fiesta bajo las estrellas.