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HEMEROTECA » |
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C. V. - SANTIAGO Lo que para unos fue el Monte do Gozo, para otros resultó más bien una procesión al Calvario. Menos mal que algunos, como Lupe y Xil, de O Pindo, ya habían asumido que iban al concierto de Bruce Springsteen como otros van a la Virxe do Corpiño, de "ofrecidos". Y algo tuvieron que padecer porque a Xil, según confesó, no le gustan nada las multitudes. En todo caso, los invitados a la fiesta del "Jefe" respondieron al refrán y cada uno habló del tema según le fue en el baile. Tan diferentes fueron los relatos que parecían hablar de dos conciertos diferentes.
Para María, de Portonovo, todo resultó perfecto y Bruce estuvo "flipante", aunque ella fue de las que tuvo que esperar cola más de media hora para acceder a uno de los servicios. Otras chicas, y chicos, optaron por una solución expeditiva: plantarle, y no precisamente cara, a los palcos de la zona vip.
Marcos y Ester vinieron ex profeso desde las Canarias. Lo suyo fue de éxtasis. Para Marcos "Bruce es como un padre, he tenido su póster desde los doce años en mi casa". Ester, que acudió, más que nada, por "solidaridad" con su pareja, confiesa que es la primera vez que le ve una lágrima a su chico. "De la emoción", explica. La culpa la tuvo la traca final del rockero, que cerró la gloriosa noche con el "Born in the USA".
Antonio no lo tuvo tan difícil, porque sólo le tocó mover ficha desde Santiago. Aunque se confesó no precisamente un forofo del norteamericano, tuvo que reconocer, al finalizar el recital, que "es espectacular cómo llena el escenario una sola persona".
Otros que aplaudieron al "Jefe" tanto como pudieron fueron siete ferrolanos, tres de los cuales repetían concierto del Boss en el Monte do Gozo. "A mí me encantó, y en el 93 también. Y vamos a repetir", subraya Margarita, aunque Manuel echó de más los homenajes que Bruce rindió a los Beatles o a Creedence Clearwater Revival: "Yo vine para escucharle a él, a sus temas".
Los ferrolanos no comentaron las diferencias entre este concierto y el de 1993. No recordaron que en aquella ocasión Bruce Springsteen se dirigió a los asistentes en gallego, que la sonata se prolongó una hora más (hasta cuatro, aunque con 25 minutos de pausa incluidos) y que la lluvia compostelana que hizo acto de presencia durante un rato no consiguió mellar el ánimo de los 30.000 asistentes.
En esta ocasión fueron más de 38.000 los afortunados, porque, a pesar de ir con queja de por medio mediante en alguno de los casos, todos reconocen que el concierto mereció la pena y que "jefes" sólo hay uno. No en vano éste estuvo tan cerca del público que dejó de ser metafórica la frase de "casi se le podía tocar". En esta ocasión recogió los carteles con peticiones de los oyentes –y les dio su bendición en algún caso cantando el "Born to be wild"–, se paseó con una bufanda en la que algún fan le deseaba, con bastante antelación, un "feliz 60 cumpleaños", y hasta bailó con una niña.
Habrá próxima vez, si los deseos del Boss se cumplen. En castellano dio las gracias "a los fans españoles por venir con nosotros en esta gira" y anunció: "Os veremos otra vez. Os queremos".
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