malaquÍas lÓpez cervantes - Epidemiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
PABLO ÁLVAREZ
Malaquías López Cervantes es epidemiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Asimismo, preside el Comité Científico de Vigilancia Epidemiológica y Sanitaria de la Ciudad de México.
–¿Cuál es la situación actual de la gripe A en México?
–Ya terminó el brote en la ciudad de México, sin duda, y prácticamente ya estamos viendo los últimos cambios. El total de casos son 4.910 confirmados con 89 defunciones. La letalidad ha sido del 1,8%. El 54% fueron mujeres y tres cuartas partes de las muertes ocurrieron en adultos entre 20 y 54 años.
–¿Han sido adecuadas las medidas adoptadas por las autoridades mexicanas?
–Sí. Cuando se conoció que existía un nuevo virus y que estaba presente en México, junto con un grupo de defunciones que se había notado que correspondían a una forma extraña de neumonía, fue correcto hacer lo que se hizo. Ahora que ya sabemos que la mortalidad no era tan grande y que el virus no iba a tener características de infectividad tan extrema, uno podría considerar que fueron exageradas. Pero hay que ubicarse en el momento en que tenían que tomarse y fueron correctas.
–¿Se han exagerado las medidas aplicadas a los viajeros mexicanos en otros países?
–Sí. Y la demostración la ha dado el paso del tiempo. Como no se trataba de detener y aislar a los mexicanos por ser mexicanos, tenía que haberse utilizado un criterio mucho más práctico de si era posible o no que se dispersara el contagio. Hay países en los que se evidenció que la introducción del contagio no fue por mexicanos ni por llegar de México, sino por encontrarse ya diseminada a otros países.
–¿Existe un perfil definido de las personas afectadas por la epidemia? ¿Y de los fallecidos?
–Sí. Con respecto a las defunciones registradas en México, lo que ya he dicho: hubo más mujeres que hombres y las defunciones notablemente se concentraron en personas de 20 a 54 años. Cabe mencionar que el mayor número de casos se presentó en los menores de 10 años, pero no las defunciones.
–¿Continuarán siendo leves los efectos del virus?
–La previsión actual es que sí, a menos que ocurran cambios en el propio virus y que se vuelva más agresivo. Pero si persiste con las características actuales, sí serán leves en términos generales.
–¿Por qué tantos muertos en México y tan pocos en otros países?
–Porque nos tomó por sorpresa. De pronto empezaron a presentarse personas con cuadros muy graves de neumonía y cuando llegaban a los servicios donde debían ser tratados era demasiado tarde. Sobre todo, si tenían otras enfermedades de fondo que terminaron por agravar la situación. Ahora bien, ¿por qué llegaron demasiado tarde? Esto es algo que se relaciona con las características del sistema de salud, que no permite un acceso rápido y efectivo.
–¿Se sabe el origen del virus?
–No. Se ha dicho que el antecedente más remoto de la presencia del virus está en una comunidad del estado de Veracruz, al sureste de México, una zona muy alta, fría, seca, polvosa. Ahí apareció el brote más remoto en este año y en un principio pareció muy simple la respuesta: “Ahí empezó y, además, cerca de esa zona hay granjas de crianza de cerdos”. Pero no es tan simple. Yo creo que no empezó ahí.
–¿Han sido acertadas las directrices de la OMS?
–Creo que la OMS ha reaccionado equilibrando la cautela con el reconocimiento del problema y su diseminación. Hay que tener en cuenta que ésta es la primera epidemia mediática de la historia, y es de hecho muy mediática. El conocimiento acerca de lo que estaba sucediendo se diseminó muy rápidamente a través de todo el mundo. Pudieron tomarse precauciones y previsiones, y creo que la OMS ha actuado manteniendo un equilibrio adecuado.
–¿Se ha alarmado a la población más de lo necesario?
–Visto ahora, podemos decir que sí. Al principio se consideró que tal vez era una de las grandes epidemias que podrían haber aparecido en el mundo y globalmente hemos ido empezando a ver un mejor comportamiento, pero es demasiado temprano para decirlo. Ya hay consenso en algo que nosotros dijimos muy al principio de la epidemia: esto en nuestras condiciones no iba a crecer demasiado, pero la verdadera prueba de la capacidad de este virus vamos a verla en el hemisferio sur en cuanto entre de lleno el invierno.
–¿Cómo puede evolucionar la enfermedad?
–Lo que puede pasar es que el virus tenga cambios que lo vuelvan más agresivo. Sabemos que van presentándose con bastante rapidez modificaciones. Afortunadamente, hasta el momento sigue siendo sensible a los medicamentos, pero podrían ocurrir cambios que lo hagan más infeccioso o capaz de presentar formas más graves. Pero también puede ocurrir al revés: que los cambios suavicen el comportamiento del virus.
–¿Teme que el virus sufra una mutación o interaccione con el de la gripe aviar?
–Ésa es una de las grandes preguntas. El próximo otoño e invierno en el hemisferio norte, vamos empezar a ver si existe la posibilidad de que al presentarse conjuntamente ocurriera algún tipo de interacción, de que juntos los dos virus presenten cuadros más graves o que se intercambien materiales genéticos y que apareciera una variante que afecte más a las personas.