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ANA SAÁ - VIGO Altos o bajos, de punta redonda o cuadrada, abiertos o cerrados, clásicos o modernos. Cada vez hay una mayor oferta de zapatos en el mercado y con cada nueva temporada aumenta el número de pares en el armario. Pero, ¿estamos utilizando el calzado adecuado? ¿Qué consecuencias puede tener que nuestro pie se vea prisionero o esclavo de ellos?
El zapato se ha convertido en un objeto estético y un artículo de moda, pero si este no está adaptado a la forma y funciones del pie puede transformarse en el desencadenante de diversas patologías mecánicas. Diversos estudios constatan que entre el 70 y el 80 por ciento de la población emplea un calzado inadecuado que tiene graves consecuencias para la salud. "Al día damos miles de pasos, y si no utilizamos unos zapatos adecuados estamos provocando desequilibrios en el pie que pueden llevarnos a tener problemas que sólo se corrigen con una intervención quirúrgica", asegura José Ramón Echegaray, presidente del Colegio Oficial de Podólogos de Galicia.
Muchas de las patologías que se producen se deben a un problema mecánico (aquel producido por el zapato). Las más frecuentes son los dedos en garra, los juanetes, los callos o helomas, la hiperqueratosis y las contaminaciones por hongos (micosis) o papilomas (verrugas plantales). "Las durezas nos detectan que algo está funcionando mal", advierte el podólogo. "No sólo hay que eliminar la enfermedad, sino también la causa. Ese problema se puede corregir con medidas profilácticas, cambiando de calzado o con un tratamiento ortopédico", añade.
La mayoría de las mujeres acuden al podólogo por patologías mecánicas, mientras que los hombres van por lesiones deportivas. El tacón es el principal quebradero de cabeza del sexo femenino. "Cuanto más se eleva el talón, más presión y sobrecarga se está ejerciendo en la zona de los dedos", explica Echegaray. El zapato plano, sin ningún tipo de tacón, como las bailarinas, tampoco es recomendable, ya que provoca contracturas, dolores musculares o calambres. "El tacón más adecuado está entre los 2 y los 4 centímetros y este actúa como palanca que impulsa el pie hacia adelante", comenta.
"El problema muchas veces viene porque compramos el calzado por los ojos y no por los pies", matiza el podólogo. El consejo de estos profesionales es tener dos o tres pares de calidad a tener ocho o diez de mala calidad "porque al final se acaba pagando". "A veces nos dicen: ´Esto cede´, pero a consta del sufrimiento del pie", añade.
José Ramón Echegaray presta especial atención a los niños. Los padres cometen una serie de errores con respecto al calzado de sus hijos, como comprar unos zapatos grandes para que le dure todo el curso escolar. "Hasta que el pie no crezca, ese niño va mal calzado", argumenta. Continúa también siendo frecuente heredar el calzado del hermano mayor. "Cada persona desgasta el zapato de una forma diferente. Al calzar los zapatos de otro estamos modificando nuestra manera de andar y al final esto provoca más problemas que beneficios", añade.
A la hora de comprar un zapato este debe adaptarse al pie como un guante y el comprador debe palpar el interior para conocer sus rugosidades.
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