MAR MATO/ANA SÁA - VIGO
Se ha ido el creador de múltiples bandas sonoras de vidas que serán, que han pasado y que se están desdibujando. Antonio Vega, al igual que otros referentes del pop español como Pepe Risi (Burning), Carlos Berlanga (Alaska y los Pegamoides, Kaka de Luxe) o Enrique Urquijo (Los Secretos) ha sucumbido a la enfermedad pero también al correr entre la frontera de la droga y de una vida que como él dejó escrito y cantado vivió a pie de calle, "estudio de aprendiz con libros que nunca" vio.
En la mañana de ayer, un cáncer de pulmón ponía el punto final al Vega humano para agrandar con letras capitulares la leyenda de uno de los compositores y músicos españoles pop de mayor excelencia.
Él que se definió como un "monstruo de papel", que fue perseguido en sus pesadillas por "una bestia detrás", que cada vez que cumplía años abría "una ventana al tiempo" para ir desapareciendo entre metáforas, se fue a los 51 años de edad con casi 150 temas compuestos para su carrera en solitario o para distintos solistas o grupos así como para su primera banda, "Nacha Pop" (fundada con su primo Nacho García Vega).
El grupo, uno de los emblemas de la Movida de los 80, supuso el inicio del pop de una España moderna en la que la nueva generación de compositores ya no lidiaban con la censura ni se veían obligados moralmente a cantar sobre cuestiones políticas. De "Nacha Pop" (de Antonio Vega) nacieron himnos generacionales como "Una décima de segundo", "Lucha de gigantes" o "La chica de ayer", esta última con repercusión internacional; en español, en el mercado latino, y en inglés con la versión del grupo norteamericano Gigolo Aunts.
Su aventura en "Nacha Pop" se prolongaría durante ocho años (de 1980 a 1988) cuando decidió iniciar su carrera en solitario. A pesar de este adiós al grupo, su primo Nacho García seguiría pendiente de él, echándole en cara con cariño como muchos de sus familiares y amigos su carrera sin freno hacia la puerta abierta de los estupefacientes destructores.
Como los personajes de Trainspotting, Antonio Vega eligió una forma diferente de vida, a la que se aferraba a pesar de que sus venas se volvían cada vez más opacas. Pero este correr sin miedo al paso del tiempo le hizo componer también algunas de las mejores canciones de la historia de la música española.
"Se dejaba llevaba por ti", "Esperando nada" o "Háblame a los ojos" de su primer disco en solitario, No me iré mañana, y las composiciones de Océano de sol son un ejemplo. Temas del disco Anatomía de una ola como "Tuve que correr", donde confesaba cómo "no hubo manera de pararme", cómo tomó "el sendero sin saber que me alejaba para no volver" lo refrendan.
Tras Anatomía de una ola, llegó el CD De un lugar perdido para en 2005 editar el que ha sido su último disco hasta ahora, 3.000 noches con Marga. En este, las sombras, túneles, huidas y carreras presentes en sus anteriores discos se hacen más presentes en una elegía por la muerte de su compañera, Marga, que le provocó un bache emocional durante largo tiempo.
Contaría el propio Vega en una entrevista el pasado año que en especial la canción "Cada sombra en la pared" la compuso con un toque atípico de swing y jazz para evidenciar su repunte positivo en su vida. "No podía dejar que el dolor me llevar a hacer temas oscuros. Estaba en un momento muy bajo por la muerte de Marga y ese disco suponía levantar la cabeza", señalaba.
Y por fin se intentó el regreso de "Nacha Pop" y por fin ocurrió. La gira fue en 2007. El grupo actuó en el parque de Castrelos con "Los Secretos". Fue una noche inolvidable. "Nacha Pop" se reencontró con sus viejos conocidos, pero también con miles de seguidores de otras generaciones que se fueron enganchando a su música. El retorno cristalizó en un disco. Y ahí acabó "Nacha Pop"... porque no hubo tiempo para más.
Antonio Vega preparaba canciones para un nuevo disco así como un libro autobiográfico. Desde ayer, las 3.000 noches con Marga han pasado la puerta de la eternidad. El último adiós, desde las 13.00 horas de hoy, tendrá lugar en el edificio de la SGAE en Madrid.