Entrevista del fin de semana

Martin Schmitt, un argentino que encontró en Logroño su ´lugar en el mundo´

24.04.2009 | 14:22

Martín Schmitt López (Buenos Aires, 1970) llegó a La Rioja para dos meses y lleva ya diez años trabajando como redactor municipal en el diario "La Rioja". Internet es su cordón umbilical con Argentina, además de su "blog", donde muestra al mundo su día a día.

Este porteño es incapaz de caminar cien metros seguidos sin pararse a saludar a algún conocido. "Gourmand" de modales exquisitos, apasionado futbolero y devoto noctámbulo. Desde hace un mes, los pañales y los cólicos infantiles protagonizan sus noches.


Pregunta.- Con ese apellido, ¿Cuántas veces le han preguntado si no era alemán?
Respuesta.- Muchas, y además, mi aspecto físico invita a la equivocación. Por la rama paterna, soy bisnieto de pastores protestantes alemanes, que se instalaron en Buenos Aires. Mi abuelo se casó con la hija de un escocés y una americana. Por parte materna, mis bisabuelos se marcharon de Tapia de Casariego (Asturias) a principios del siglo pasado. Ambos eran del mismo pueblo, pero se conocieron allí.


P.- Una ascendencia muy europea, ¿No?
R.- Reúno todos los requisitos. Dicen que un argentino es un italiano que habla español, que piensa como un francés pero que le gustaría ser inglés.


P.- ¿Qué imagen tenía de España antes de viajar?
R.- Llegué en agosto de 1999 y pensaba que era un país mucho más estable económica y políticamente que el mío, en el que nadie te iba a meter una zancadilla para estropearte el futuro. Y no me equivoqué.


P.- ¿Y esa imagen se ajustó a La Rioja?
R.- Sí, es una comunidad pequeña, con gente agradable y un clima apacible. El extranjero que no se integra es porque realmente no quiere. Ayudó que en mi trabajo me brindaran seguridad desde un principio, tanto económica como afectiva.


P.- ¿Fue difícil mudarse de Buenos Aires a una pequeña capital de provincia de apenas 130.000 habitantes?
R.- Para nada. Además, tengo la extraña habilidad de cambiar el "chip" rápidamente. Era un cambio que necesitaba en aquel entonces.

Soy y me siento porteño, y de River Plate, pero hay ocasiones en que Buenos Aires te desgasta y necesitas un cambio. Pero no le tengo manía ni despecho por ello. En todo caso, a mi me echaron las circunstancias de un país que vive constantemente en crisis.


P.- ¿Qué costumbre le ha costado más asumir?
R.- Ninguna en especial, aunque confieso que al principio, cuando se despedían con el "talogo" (hasta luego) pensaba que me estaban vacilando. Digamos que me integré muy rápido. Demasiado rápido, ya que en los primeros tres meses engordé quince kilos que nunca me he podido sacar de encima. Quizá la forma de comer y beber fue lo que más me sorprendió en un principio. Y ahora soy incapaz de ir a trabajar por la tarde sin una "siestecita" de menos de 20 minutos.


P.- ¿Fue muy duro dejar sus afectos a 12.000 kilómetros?
R.- Sí, lo que más me ha costado asumir ha sido dejar la mitad de mi vida en el otro hemisferio. Es lo que peor llevo, pero que sé que Logroño es mi lugar en el mundo, aunque a veces me cueste mucho dejar toda esa vida anterior en un segundo término. Siento que realmente se me parte el corazón y no sé si alguien que no esté en esta situación pueda llegar a comprenderlo.


P.- En cuanto al ámbito laboral, ¿Le resultó difícil adoptar las expresiones en español?
R.- Muy poco, porque en el colegio estudiamos los tiempos verbales como aquí, aunque en la práctica sea distinto. En el periódico, al principio les divertía que utilizara términos argentinos, pero me fui adaptando y un día un compañero me dijo que echaba de menos los "martinismos". Entonces me di cuenta de que las expresiones de aquí las tenía incorporadas en mi disco duro.


P.- ¿Cambiaría su lugar de residencia por otra ciudad de España?
R.- No, nunca. Aunque mi acento me delate, me siento muy riojano, pero sobre todo logroñés hasta la médula. Me han ofrecido vivir en otra ciudad. Incluso, en una tan hermosa como San Sebastián. Pero mi lugar está aquí.


P.- ¿Está de acuerdo con el estereotipo del argentino parlanchín y seductor?
R.- Para nada, pero el argentino adulador y embustero existe y está por todo el mundo, uno patea una piedra y sale un argentino de debajo de ella. El argentino es fanfarrón por naturaleza, aunque intente tapar su inseguridad propia. Creo que esa arrogancia resulta simpática al resto de la humanidad porque no somos peligrosos, aunque reconozco que un poco cansos sí. No me considero así hasta que se empieza a hablar de fútbol. Porque allí sí somos los mejores, tenemos a Maradona y dos copas del mundo.


P.- ¿Regresaría a vivir a Argentina por...?
R.- Una gran oportunidad laboral. Soy feliz en Logroño. Acabo de ser padre por primera vez de la niña más hermosa que puede existir.

Y es logroñesa y riojana. Quiero que crezca en esta ciudad, que lo tiene todo, porque hay seguridad y podrá labrarse un futuro en unos años. Todo eso sin que descuide sus raíces, en cuanto pueda viajaré al consulado de Madrid para hacerle el pasaporte argentino.

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