ritos litúrgicos

Los atavíos llenan de color las calles en Semana Santa

09.04.2009 | 18:49
Nazarenos de la Hermandad del Santo Via Crucis.
Nazarenos de la Hermandad del Santo Via Crucis.

En Semana Santa, las calles se llenan de color que aportan los cofrades y religiosos que se atavían de morado, negro, blanco, azul, verde o rojo y bordados dorados siguiendo costumbres establecidas de antaño con las que se celebran ritos litúrgicos de la Pascua.

Históricamente, la Iglesia Católica ha sido la religión que "mayor valor expresivo ha dado a los colores en el vestido", según recoge el investigador mexicano Eulalio Ferrer en su libro "Los lenguajes del color".

Y los "primeros vestigios de la tendencia a usar un color en las vestimentas sagradas relacionado con la festividad litúrgica se encuentra en el Ordo de San Amando (siglo IX)", según corrobora Josep Urdeix, presidente del Centro de Pastoral Litúrgica, en su obra "Los colores litúrgicos".

Aunque, de acuerdo con Ferrer, fue cuatro siglos más tarde cuando las bases sobre el uso simbólico de los colores en actos litúrgicos, -como la Semana Santa-, fueron sentadas por el papa Inocencio III y "a posteriori" modificadas por Pío V.

La Semana Santa -o Semana Grande- es el período litúrgico que discurre de la "última de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección", según la Real Academia de la Lengua, y en el que se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret.

El morado es el protagonista en la Cuaresma, y también la gama de tonos que se derivan de él, ora el violeta ora el púrpura rojo ora el esmeralda.

Por tradición se tiende a asociar el negro como el color de duelo, pero el morado inunda las calles en Semana Santa tanto porque es el tono de los capirotes y vestimentas de cofrades y miembros de hermandades de Sevilla, Valladolid, Valencia, Murcia, Madrid y así un largo etcétera en el lunes, martes y miércoles previos a la Semana Grande -y también en Viernes Santo- ya que es un símbolo litúrgico de luto.

Este tiempo de luto se debe a que la Semana Santa rememora el paso de Jesús hombre a Cristo: su crucifixión y sacrificio por sus fieles, su muerte y su resurrección.

El violeta y el púrpura rojo son tonos destinados a los órdenes cardenalicios. De ahí que los cardenales vistan calzas -medias que denotan su jerarquía eclesiástica- de seda violeta para el Viernes Santo en vez de púrpura rojo, según el italiano Paolo Lombardi, como señal también de tristeza y luto.

Por otro lado, de negro es la capa del Cristo del Gran Poder de Sevilla, una de los pasos claves de España, porque aunque el negro se asocia con la pena y a la condenación, es un color de "abrigo de la fe divina" en el Viernes Santo, según señala Ferrer.

Por su parte el azul, sobre todo, el azul ultramar o celeste invoca a la Virgen María desde que en la Edad Media fuera así retratada en Italia, por lo que los pasos de las hermandades exhiben la imaginería mariana con mantos azules o blancos viejos.

Entre las cofradías, en este caso, cabe destacar la de la Hermandad de Labradores o Paso Azul en el Viernes de Dolores en Lorca (Murcia, sureste de España) que rinde tributo a la Madre de los Azules.

Asimismo, el blanco se usa desde la Antigüedad en numerosas festividades, entre ellas, la Pascua. Las flores que se ofrenda a las imágenes religiosas son blancas y también algunas vestimentas de ciertas hermandades son en blanco roto o beige muy claro.

El Domingo de Ramos, que es el primer día de la Semana Santa y en el que se rememora la entrada de Jesús en Jerusalén, es el que más se utiliza el blanco. Aunque también Ferrer recuerda que Jesucristo se aparece vestido de blanco ante Pedro, Santiago y Juan en el Domingo de Resurrección y que el papa viste de blanco -roto o beige- desde las nuevas normas establecidas por el Vaticano II en 1965.

Los otros colores: el gris como emblema de la muerte terrestre, la inmortalidad espiritual y la resurrección de la carne es clave, por ejemplo, en la Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo (Valladolid) en el Sábado de Pasión; el verde en La venerada Macarena de Sevilla, y, ante todo, el dorado como color de la eternidad reina en los bordados de todas las vestimentas.

Y una anécdota: los días de la Semana Santa en el calendario son en rojo al igual que los domingos y otras festividades, porque, desde la Edad Media, la Iglesia Católica los señalaba así, con tinta roja, en sus libros de plegarias.

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