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Semana Santa evidencia las dificultades diarias de los palestinos cristianos

06.04.2009 | 20:02

La Semana Santa pone de manifiesto las dificultades cotidianas de los palestinos cristianos para asistir a ceremonias religiosas en Jerusalén debido a las restricciones israelíes de acceso a la ciudad santa.

Unos 200.000 cristianos viven al oeste del río Jordán, pero los alrededor de 49.000 de Cisjordania y Gaza se ven impedidos de entrar libremente en la parte oriental de Jerusalén, ocupada por Israel desde 1967.

"Es inconcebible que para cualquier cristiano en el mundo llegar a Jerusalén sea más fácil que para un palestino cristiano", se queja a Efe Fayez Saqa, diputado de Belén, ciudad cisjordana ubicada a sólo ocho kilómetros de Jerusalén.

Saqa no participa en las procesiones de Semana Santa desde hace cuatro años porque las autoridades israelíes no le conceden el permiso para entrar en la ciudad, sin que hasta ahora sepa la razón.

"Es una práctica habitual de la política de ocupación de Israel", explica al denunciar lo que califica de "violación del derecho a la libertad de culto".

La población de Cisjordania sólo puede acceder a Jerusalén Este si el Ejército israelí le extiende un permiso -privilegio del que regularmente sólo disfrutan unos pocos miles- desde que en 2002 Israel comenzó a construir una barrera que separa ambos territorios.

En Jerusalén y otras zonas urbanas la cerca se convierte en muro de hormigón de ocho metros de altura, que ha tenido un impacto decisivo para los cristianos de Belén y Ramala, ahora desconectados de una ciudad de la que antes dependían.

Las autoridades militares israelíes aseguran sin embargo que para esta Semana Santa están concediendo permisos ilimitados a la población cristiana y que "tan sólo tienen que pedirlos" en las oficinas de Coordinación y Enlace.

"Hasta que termine la visita del Papa Benedicto el próximo 15 de mayo el Ministerio de Defensa ha aprobado medidas para facilitar el desplazamiento de la población cristiana", explica a Efe Miki Galin, responsable de la Administración Civil, el organismo del Ejército israelí que se encarga de asuntos civiles en los territorios ocupados.

Estas nuevas medidas incluyen "asistir a las ceremonias en Jerusalén, visitar a familiares en Israel e incluso pernoctar en nuestro territorio", agrega.

Pero frente a las garantías de los militares israelíes están las denuncias de palestinos que no pueden entrar "debido al sistema de muros, puestos de control, asentamientos y carreteras para colonos impuestas por Israel", según Saqa.

"La libertad de culto no se logra a través de los permisos", señaló por su parte el padre Firas Arida, párroco católico de Abud, en el distrito de Ramala.

"Ningún palestino, sea cristiano o musulmán, debería pedir un permiso para poder ir de un lugar a otro de su tierra. Los permisos son una humillación para nosotros", matizó sobre las consecuencias de esta barrera.

Israel inició su construcción a raíz de una sangrienta cadena de atentados suicidas palestinos en la primera mitad de la Intifada de Al-Aqsa, pero al hacerlo no se circunscribió a la frontera de 1967 sino que se anexionó partes de Cisjordania.

El principal "bocado" lo pegó en Jerusalén Este, donde residen unos 200.000 palestinos y tienen lugar las principales ceremonias de Semana Santa.

En esa parte de la ciudad, que Israel considera suya y los palestinos reclaman como capital de su futuro estado, están los principales santuarios del cristianismo y el judaísmo -el Santo Sepulcro y el Muro de los Lamentos- y la mezquita de Al-Aqsa, tercera en la jerarquía islámica.

Desde 2000, cuando estalló la segunda Intifada, el acceso a estos lugares para cualquier palestino, sea musulmán o cristiano, está restringido e incluso cuando el creyente ya dispone del permiso, el ingreso a la ciudad es engorroso.

"Israel puede decir que da permisos a la gente, pero (después) los deja esperando más de tres horas (en el control militar), en un viaje que no debería llevar más de veinte minutos", se lamenta el padre Ajtan Hiyazin, párroco católico de Ramala, a quince kilómetros de Jerusalén.

Para el religioso estas condiciones de vida son "humillantes", y "contrarias al mensaje de paz y amor entregado por nuestro señor Jesucristo", cuya muerte y resurrección conmemoran estos días miles de cristianos en Tierra Santa.

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