Cineasta y Músico

Valladolid homenajea a Woody

30.12.2008 | 19:13

Nunca ha sido muy amigo de los premios y menos de recibirlos en persona, pero el polifacético Woody Allen ha hecho en Valladolid una excepción para recoger con "honor" un galardón de la Semana de Cine de Valladolid (Seminci), en la misma Europa de Bergman y Buñuel, directores "modelo" desde su infancia.

Nunca ha sido muy amigo de los premios y menos de recibirlos en persona, pero el polifacético Woody Allen ha hecho hoy en Valladolid una excepción para recoger con "honor" un galardón de la Semana de Cine de Valladolid (Seminci), en la misma Europa de Bergman y Buñuel, directores "modelo" desde su infancia.

Aunque la presencia del realizador en la capital vallisoletana no estaba inicialmente relacionada con el celuloide, es evidente la relación del jazz que emerge de su clarinete tiene con el bloque sonoro de sus películas, como en "Todos dicen te quiero" (1996) y "Acordes y desacuerdos" (1999).


"Y ahora tengo que tocar", ha espetado el director para poner fin al breve paréntesis que ha reconocido su trayectoria cinematográfica.


Allen (Nueva York, 1935), ataviado con sus características gafas negras de pasta, camisa azul y pantalones de pana, ha desenfundado su clarinete para acompañar al resto de la banda en el escenario del teatro vallisoletano.


Alrededor de 1.000 personas han presenciado el recital, protagonizado por diferentes piezas versionadas de jazz clásico, por el que el hasta hoy cuatro veces ganador de un Oscar empezó a sentirse atraído en su más temprana adolescencia, cuando la música, el cine, el deporte y el humor encabezaban sus aficiones.


Sobre el escenario han actuado, además de Allen, el batería John Gill, el pianista Conal Fowlkes, el trompetista Simon Wettenhall, el contrabajo Gregory Cohen y el trombón Jerry Zigmont, todos ellos dirigidos por el intérprete del banjo, Eddy Davis.


Con una evidente compenetración y afinidad musical y personal con el resto de la orquesta, el director de filmes como "La rosa púrpura de El Cairo" (1985) y la oscarizada "Annie Hall" (1977), absorto por el sonido, ha acompañado su toque del instrumento de viento con ligeros contoneos de sus pies al compás de una música que abarca desfiles y canciones populares.


La luz, unas veces clara y otras más íntima y mimetizada con la melodía, ha permitido a los asistentes trasladarse durante cerca de dos horas a la Luisiana más profunda, como si de un local de principios del siglo XX se tratase, cuando empezó a desarrollarse el jazz en la comunidad afroamericana de esa zona de Estados Unidos.

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