CENTENARIOS

¿Quién dijo jubilación? 100 años no son nada

19.12.2008 | 17:55
Los creativos centenarios y nonagenarios dan de qué hablar en un sistema que hipervalora la juventud y pasa de la sabiduría de la experiencia y de la inversión en el conocimiento a largo plazo, donde todo -desde la comunicación al sexo- es consumo "ipso facto". En la imagen el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer.
Los creativos centenarios y nonagenarios dan de qué hablar en un sistema que hipervalora la juventud y pasa de la sabiduría de la experiencia y de la inversión en el conocimiento a largo plazo, donde todo -desde la comunicación al sexo- es consumo "ipso facto". En la imagen el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer.

Son centenarios y todavía dan mucha guerra: el mago de la curva en arquitectura, el brasileño Oscar Niemeyer (1907), o el del ritmo lento en el celuloide, el luso Manoel de Oliveira (1908), son objeto de aplauso por su lucidez, motivación y voluntad tras haber superado el siglo.

Los creativos centenarios y nonagenarios dan de qué hablar en un sistema que hipervalora la juventud y pasa de la sabiduría de la experiencia y de la inversión en el conocimiento a largo plazo, donde todo -desde la comunicación al sexo- es consumo "ipso facto".

"Las etapas posteriores del ciclo de la vida se caracterizan sobre todo por la sabiduría", según indica el psiquiatra español Luis Rojas Marcos en su libro "Corazón y mente" -escrito con el cardiólogo Valentín Fuster-, para quien "en contraste con las grandes civilizaciones (...), las sociedades actuales que sancionan la edad equiparan erróneamente el paso del tiempo con el deterioro de estas valiosas cualidades humanas".

Y ésta es la clave. Para este profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, "el aspecto más nefasto de este tipo de normas (la jubilación forzosa) que discriminan a las personas por su edad es que, en el fondo, no se diferencian mucho de aquellos estatutos injustos y crueles que segregan a individuos por su raza, su sexo o sus creencias religiosas".

Por lo que podríamos hablar de que al ser la vejez "un ingrediente inseparable del tejido de nuestro ser", en palabras de Rojas, esta característica biológica encuentra el rechazo en el actual sistema de valores, en el que paradójicamente cada día personalidades famosas nos demuestran que la vida sigue a cualquier edad.

Así, el actor estadounidense Kirk Douglas a sus 92 años ya no actúa ni dirige pero, eso sí, está a la última con su blog en la red social MySpace, una de las páginas más visitadas a nivel mundial y a través de la cual se puede entablar una "amistad" internauta con cualquier persona.

Para unos el desafío es mantenerse vivo en vida, o en palabras de Rojas es "aprender a vivir y a envejecer", de ahí que personalidades de las artes que han fallecido recientemente demuestren que el pulso de la vida sigue hasta que, como dijo García Lorca, "la muerte puso huevos en la herida", y entonces tan sólo hay que esperar silenciosamente a que la muerte llame a la puerta.

Pero la sociedad se enriquece y evoluciona gracias a quienes -músicos, artistas, arquitectos, escritores, poetas y médicos- quieren aportar belleza de una manera u otra al mundo en el que vivimos y que no se doblegan a un canon social: el de la edad, porque supondría aceptar parámetros tan disparatados como la xenofobia, la no igualdad de derechos y libertades de creencia y opinión.

Además, se habla a nivel científico de las "bondades del cerebro maduro", como lo ha bautizado el divulgador español Eduardo Punset en su ultimo libro "Por qué somos como somos", quien sostiene que "afinamos" el cerebro, es decir, "su sintonía, a medida que nos hacemos mayores", porque aunque se "pierde neuronas", "el cerebro se educa a sí mismo" y entra en juego "el peso de la memoria".

A ello se añade, según Punset en su ensayo "El alma está en el cerebro" (2006), que la experiencia es "una de las bases de la creatividad", es decir de la "facultad de generar imágenes a partir de la experiencia", entendiendo por imágenes desde nuevos edificios, descubrimientos científicos y tecnológicos hasta arte en toda su extensión.

Entonces, hay que preguntarse dónde están las limitaciones si "una persona creativa -según 'El alma está en el cerebro'- es un individuo que consciente o inconscientemente elige el camino de crear", y para bastantes artistas el hecho de acumular sabiduría se traslada a su obra de una manera tan enriquecedora que hace vibrar los sentidos de expertos e inexpertos ante una belleza revelada.

Así, la pincelada de grandes artistas como el británico Lucian Freud (1922), aún en activo, o Balthus (1908-2001) con la edad van más allá del bien y del mal de la técnica para contar todo aquello que ven desde su interior, al igual que los maestros japoneses -"senseis"- que indagan en su camino espiritual a través del manejo del pincel, y para ello hace falta, además de talento, el transcurso de los años.

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