Arquitectura

Entre la vanguardia y la tradición

10.12.2008 | 18:31
 Vista de la cubierta del castillo de Moritzburg, en Sajonia Anhalt, que los arquitectos españoles Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano han convertido en un vanguardista museo bajo una cubierta de aluminio, que acoge desde hoy una valiosa colección de arte del siglo XX recuperada tras el expolio nazi. Un espectacular techo de 300 toneladas de peso y formas trapezoidales, reposando por arte del ingenio arquitectónico sobre las viejas piedras del castillo amurallado, comunica el ala oeste del museo, la ruina, con el resto de monumento, construido en 1513.
Vista de la cubierta del castillo de Moritzburg, en Sajonia Anhalt, que los arquitectos españoles Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano han convertido en un vanguardista museo bajo una cubierta de aluminio, que acoge desde hoy una valiosa colección de arte del siglo XX recuperada tras el expolio nazi. Un espectacular techo de 300 toneladas de peso y formas trapezoidales, reposando por arte del ingenio arquitectónico sobre las viejas piedras del castillo amurallado, comunica el ala oeste del museo, la ruina, con el resto de monumento, construido en 1513.

Los arquitectos españoles Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano han convertido las ruinas del castillo de Moritzburg, en Sajonia Anhalt, en un vanguardista museo bajo una cubierta de aluminio, que acoge desde hoy una valiosa colección de arte del siglo XX recuperada tras el expolio nazi.

Un espectacular techo de 300 toneladas de peso y formas trapezoidales, reposando por arte del ingenio arquitectónico sobre las viejas piedras del castillo amurallado, comunica el ala oeste del museo, la ruina, con el resto de monumento, construido en 1513.


"Lo llamamos paisaje de cubiertas sobre una antigua ruina", explicó a EFE Nieto. "Se ensambla en nuestro concepto común de trabajar la arquitectura contemporánea sobre las raíces del pasado", añadió Sobejano.


"Es una simbiosis soberana entre vanguardia y respeto a la protección del patrimonio, justo lo que quería para exhibir mi colección", sintetizó Hermann Gerlinger, coleccionista de arte de Würzburg (sur de Alemania) que ha cedido un centenar de obras a Moritzburg.


Las piezas de Gerlinger pertenecen básicamente al movimiento "Die Brücke" y se combinan en los 4.000 metros cuadrados del edificio con otras del propio fondo museístico, correspondientes a "Der Blaue Reiter" -"El jinete azul"-, entre otros.


En total se exhiben en este museo de la ciudad de Halle más de 500 obras, de una nómina de artistas como Emil Nolde, Ernst Ludwig Kichner, Lovis Corinth, Max Liebermann, Vasily Kandisnky, Edvar Munch y Paul Klee.


"Es un sueño hecho realidad", comenta la directora del museo, Katja Schneider. El museo huele aún a pintura fresca y sus espacios interiores se reparten entre blancas paredes y grises rectilíneas, como un homenaje al Bauhaus, y los arcos y bóvedas originarios.


Moritzburg, en sus primeros tiempos residencia episcopal y de la nobleza sajona, perdió en la Guerra de los Treinta Años su ala oeste. Desde entonces, la ruina seguía en pie, desmembrada del resto, "como un desafío a los buenos arquitectos", dice Schneider.


En Nieto y Sobejano recayó el reto, en tanto que ganadores del concurso internacional frente a 27 proyectos rivales. Tres años de trabajos y 18 millones de euros ha costado comunicar lo que quedó del castillo y la ruina y reabrirlo como museo.


La iniciativa por recuperar el ala oeste nació de la voluntad de ampliar el museo para dar cabida a la colección que perteneció al museo y la adquirida, gracias a Gerlingen.


La historia de Moritzburg fue tortuosa. La Guerra de los Treinta Años echó abajo el ala oeste, mientras en el flanco este quedó en pie. Ahí se fundó un primer museo, en 1905, con piezas que iban desde el arte medieval al arte moderno.


En los años 20 se amplió esa colección con expresionistas y demás movimientos artísticos de vanguardia. Pero con el Tercer Reich se desmanteló la colección, ya que los nazis se incautaron en 1937 de un total de 200 obras consideradas "arte degenerado".


Los bombardeos aliados de 1945 hicieron mella en la ciudad, pero aún así se mantuvo abierto el museo del ala este, reservado al arte de la extinta República Democrática Alemana (RDA), en cuyo territorio estaba Halle.


Tras la reunificación empezó la lenta recuperación de las obras expoliadas. Schneider se ganó como aliado a Gerlinger y, de esa simbiosis, surgió la siguiente: el proyecto de recuperar la ruina.


"Ha sido un trabajo de doble adaptación. La de ellos, a nuestra forma de trabajar y la nuestra, a su modo de hacer", confiesa Sobejano.


Moritzburg ha sido el primer gran proyecto en Alemania de esta pareja de arquitectos. Su rincón preferido es la llamada "Ventana a la Ciudad", dos grandes ventanales rectilíneos tras uno de los arcos originales del castillo, con Halle a los pies.


Según Sobejano, el conjunto entra en la línea de trabajos realizados en España, como el del Museo Nacional San Gregorio, en Valladolid, o su proyecto para el Centro Nacional de las Artes Visuales, en el antiguo edificio de Tabacalera, en Madrid.


El resultado es un museo de nuevo cuño en esta ciudad del este alemán, a unos 150 kilómetros de Berlín. A la presentación hoy ante la prensa seguirá la inauguración por el presidente del país, Horst Köhler, y la apertura al público, el sábado.

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