Literatura

Jordi Savall muestra un atisbo de esperanza con Jerusalén, la ciudad de dos paces

09.12.2008 | 14:53

El músico catalán Jordi Savall presenta este jueves el libro-disco "Jerusalén, la ciudad de dos paces", una "ocasión fascinante" para él y su equipo "de adentrarse al máximo" en el triple universo sagrado de esa ciudad donde todavía hoy "los conflictos son extremos", según comentó a Efe.

"El mundo occidental ha vivido siempre pensando en Jerusalén", declaró Savall, quien dedicó este impresionante trabajo de recopilación musical y compleja diplomacia a una ciudad "donde todo ha tenido su inicio".

Un lugar donde la 'Paz' terrestre es "una esperanza y un deber", como sugiere en su último capítulo, convencido de que "estamos viviendo momentos muy difíciles", de "locura absoluta" en el mundo, y de que "si no somos capaces de encontrar solución en Jerusalén estamos perdidos".

Para el celebérrimo violagambista y embajador de la Unión Europea para el diálogo intercultural la solución es, sin embargo, "posible" y la música "el último recurso que nos queda".

El también gran promotor, que el jueves celebra también el X aniversario de Alia Vox, la discográfica que fundó con la cantante Montserrat Figueras, mantiene que "hay que tener esperanza" pero, como dice el refrán "a Dios rogando y con el mazo dando".

Quizás por ello, su delicado recorrido musical y literario por 3.000 años de historia en Jerusalén tomó antes forma de concierto en diferentes lugares del mundo, entre ellos Jerusalén, el pasado junio, y Barcelona, donde se estrenó en abril.

La solución puede pasar por la música pues "la emoción que transmite no miente", como "lo muestra públicamente" la existencia misma de este proyecto, fruto del trabajo de 40 músicos judíos, cristianos y musulmanes de Israel, Palestina, Grecia, Siria, Armenia, Turquía, Reino Unido, Francia, España, Italia o Bélgica.

Los mismos que protagonizaron los conciertos que precedieron su edición y que actuarán en 2009 y 2010 en otros puntos del planeta.

El también fundador y director de Hespèrion XXI y La Capella Reial de Catalunya, formaciones que participan asimismo en el ciclo, no oculta, sin embargo, que uno de sus momentos más difíciles fue el de conseguir reunir a intérpretes de orígenes geográficos y musicales tan diferentes.

Destacó, en cualquier caso, que la música y en particular búsquedas como la realizada en "Jerusalén" evidencian que "somos una misma cultura porque tenemos la música en común".

Lo que no impidió a algunos de los intérpretes con los que le hubiera gustado contar desistir en el último momento, al descubrir la participación en el equipo de colegas de países en guerra o en conflicto abierto contra el suyo, convencidos de que sus compatriotas "no lo comprenderían", explicó.

Con quienes aceptaron el reto Savall es consciente de estar creando "puentes de diálogo entre Oriente y Occidente, entre culturas que están en guerra".

Es su manera de "utilizar el privilegio" de poder "ir por todas partes", Nueva Zelanda, Australia, Corea o Japón, Granada, Londres o París.

Algo importante para este músico convencido de que cuando "una cultura no es capaz de entender al otro, que es diferente", empieza el odio y la destrucción, y "una civilización no se puede construir con actos de represión, de odio".

Contra este "cáncer", sólo se puede luchar "viendo las causas" que lo originaron, consideró.

"No puedes entender Vietnam" sin saber lo que pasó antes en Indochina; ni el 11 de septiembre de 2001 si se ignora lo que pasó en las dos Guerras del Golfo; ni lo que pasa en Israel sin entender la shoah, (masacre de seis millones de judíos en los guetos y campos de concentración nazis entre 1939 y 1945), matizó.

"Todo tiene una lógica", no hay ningún acto que no tenga su precedente, por eso es importante encontrar las causas "que hacen que lo que pasa continúe pasando", destacó.

Savall no olvida que "el niño que ha sido golpeado de pequeño, cuando sea grande también va a golpear", pero piensa que "hay otros caminos", que el círculo "se puede romper".

La música "es un camino posible" porque "no implica argumentos de palabras, políticos", y "nos habla sin mentiras" pues, recalcó, la emoción que contiene "no miente".

Las palabras que la acompañan a veces, como en tiempos de las Cruzadas, pueden ser "manipuladoras" pero, insistió, la música no.

En cambio, además de su poder transformador, regenerador, "curativo", además de captar "el alma del ser humano de la forma más perfecta", la música, cuando se comparte, "es una forma maravillosa de ser feliz", resaltó.

 
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