VIVIR EN...LA RIOJA

Recabarren, el músico que halló la inspiración en el silencio de la montaña

05.12.2008 | 14:58

Claudio Recabarren llegó a la localidad riojana de Villoslada de Cameros en 2003 después de tener una larga y activa vida profesional como músico en su país de origen, Chile, y en Estados Unidos.

En esta población de la montaña, a 60 kilómetros de Logroño, este pianista, de 53 años, no solo ha encontrado la inspiración, sino también ha levantado un pequeño estudio de grabación, desde donde elabora "proyectos internacionales de buen calibre" para asombro de sus 395 habitantes, que viven dedicados a la ganadería.


Pregunta.- ¿Cómo llegó a Villoslada?
Respuesta.- Mi compañera, Victoria, es descendiente de riojanos de esta localidad que emigraron Chile. Ella siempre me hablaba de este pueblo y yo había llegado un momento en que quería salir de la onda artística en la que estaba. Fue entonces que gané un concurso en Chile que me permitió venir a tocar a España y de paso a Villoslada. La cosa fue que me gustó tanto el pueblo que aquí estoy.


P.- ¿Qué es lo que más le atrae del lugar?
R.- Aquí he aprendido a recorrer los silencios que tiene la naturaleza, los bosques y sus ríos. Son aprendizajes que nunca antes hacía y que en este lugar tengo la garantía de tenerlos a pocos pasos. Además, está el encanto de estar con la gente, de tenerlos cerca, de que te conozcan y te den su cariño, lo que también le da un plus.


P.- ¿Me imagino que le resultaría difícil adaptarse a un lugar tan apartado y frío?
R.- Todos los lugares son difíciles cuando uno se mueve. También depende de uno, de cómo se entrega hacia el lugar. No es el lugar el que tiene que cambiar hacia uno ni la gente, sino que es uno quien tiene que adaptarse. El serrano de Cameros es un montañés un poco cerrado, pero cuando lo conoces el camino se vuelve distinto.


P.- ¿Cómo se inició en la música?
R.- Vengo de un lugar llamado Tres Acequias, al sur de San Bernardo, la capital de la Provincia del Maipo. Mi padre era músico y dentista. Me inicie en la música detrás de él, escuchando a Bach.

Luego estudie tres años en el conservatorio, fundé un grupo de rock progresivo electrónico y de ahí me fui a los Estados Unidos.


P.- Creo que iba a estar sólo un año allí.

R.- Eso pensaba, pero luego me quedé diez y luego volví otros dos más en una segunda etapa. Allí estuve en varios grupos antes de volver en 1989 a Chile a grabar 'Running'. Luego hice otro CD de jazz en 1994 llamado 'Hoy me voy a levantar' y a partir de ahí deje a un lado los teclados y sintetizadores y retomé el piano al que apliqué todo lo aprendido para crear un nuevo lenguaje compositivo, influido por las raíces étnicas, la naturaleza y la astronomía. De esa fascinación deriva ese afán que tengo por tocar al aire libre en lugares como el pantano de El Rasillo (La Rioja) o el cerro Pucará de Chena en Chile, donde ofrecí en 1999 un concierto junto a un antiguo observatorio inca, experiencia que plasme en 2006 en otro disco llamado 'Arcturus Pucará', estando ya aquí en España.


P.- Después de publicar en febrero su último disco, 'Emerges Misteriosamente', un trabajo inspirado en el silencio "espectacular y placentero" de Villoslada, ¿en qué trabaja actualmente?
R.- Estoy musicalizando un documental para el Observatorio Turístico Cruz del Sur de Combarbalá, en Chile, que se llama 'Hijos del sol'. Además, estoy trabajando con Luis Roa, un cantante chileno que vive en Valencia. También he recorrido tres cuartas partes de la composición de mi nuevo álbum, que se va a llamar 'Ancestro solar' y que grabaré en el estudio que he instalado en casa y en el que voy a colaborar de nuevo con el músico vasco Kepa Junquera. Todo aquí funciona alrededor de las vacas y es bonito que desde Villoslada se pueda hacer otra actividad para todas las partes del mundo.


P.- Antes ha mencionado el vino. Sabe que La Rioja es conocida mundialmente por este producto, pero ¿cuál es relación que mantiene con él?
R.- Para mí ha sido como volver a mis orígenes por cuanto que el valle del Maipo es también un lugar de vinos donde la vendimia se hace tocando el acordeón y la guitarra. Mi apellido es de ascendente vasco y mi abuelo tenía ya plantada una hectárea de viña para hacer txacolí. Mis dos hermanos y yo hemos mantenido ese cultivo y seguimos haciendo txacolí de manera artesanal, aunque las parras son muy viejas y sólo producen unos 700 litros.


P.- Se le ve muy cómodo en Villoslada. ¿Pero ha pensado en regresar?
R.- Predecir mi futuro a mis 53 lunas, como suelo decir, no me gusta. No sé que pasará. Estoy contento de vivir aquí. No sé si seguiré o no. Planes no tengo, me dedico a vivir al día.

 
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