Violencia de género

La denuncia, ¿primer paso para acabar con el maltrato?

21.11.2008 | 14:10
 María Merce Pigem, Olaia Fernández Dávila, Susana Camarero y Soledad Cabezón y Mariví Monteserín (i a d), diputadas artífices de la ley de la violencia de género se replantean, en una entrevista conjunta con EFE, si la denuncia debe ser el primer paso para romper con el infierno de los malos tratos y expresan una cierta frustración porque siguen muriendo mujeres, a pesar de los avances conseguidos en el ámbito social, policial y judicial. EFE/JuanJo Martin.
María Merce Pigem, Olaia Fernández Dávila, Susana Camarero y Soledad Cabezón y Mariví Monteserín (i a d), diputadas artífices de la ley de la violencia de género se replantean, en una entrevista conjunta con EFE, si la denuncia debe ser el primer paso para romper con el infierno de los malos tratos y expresan una cierta frustración porque siguen muriendo mujeres, a pesar de los avances conseguidos en el ámbito social, policial y judicial. EFE/JuanJo Martin.

Las artífices de la ley de la violencia de género se están replanteando si la denuncia debe ser el primer paso para romper con el infierno de los malos tratos y sienten una cierta frustración porque siguen muriendo mujeres, a pesar de los avances obtenidos en el ámbito social, policial y judicial.

En una entrevista conjunta con Efe, las diputadas Mercé Pigem (CiU), Olaia Fernández Dávila (BNG), Susana Camarero (PP) y Mariví Monteserín (PSOE) han opinado sobre la aplicación de una ley que fraguaron hace cuatro años y han reflexionado sobre cómo mejorarla, a pocos días del Día Internacional contra la Violencia de Género.

"¿Es importante que el primer paso sea la denuncia? Yo creo que no. Quizás lo primero es informarse en un centro de atención, en los servicios sociales... y nunca hacerlo sola", medita la parlamentaria socialista Mariví Monteserín (Boal, Asturias, 1959).

A la hora de emitir mensajes hay que tener cuidado: la decisión nunca debe tomarse sola, coinciden las cuatro, que recuerdan a las compañeras que lucharon junto a ellas en esta tarea, como Carme García (IpC, ahora en la Diputación de Barcelona), Margarita Uría (PNV, ahora vocal del CGPJ) y Uxue Barkos (Nafarroa Bai, portavoz en el Ayuntamiento de Pamplona).

En el mismo sentido, Mercé Pigem aboga por que la mujer tenga autonomía psicológica y personal suficiente para estar fuerte y no arrepentirse en el último instante. La denuncia puede ser el paso intermedio o final.

La catalana da un paso más allá y pide incluir en la cartera común de Sanidad la asistencia psicológica "preventiva". A la primera señal de maltrato la mujer ha de tener la opción de recibir atención.

El resto de compañeras asiente con la cabeza mientras escuchan a Pigem (Lleida, 1954) y advierten de que en todo caso la denuncia habrá de interponerse.

Sin ella, las maltratadas no optan al abanico de recursos sociales, judiciales y de protección que pone a su disposición la ley, apoyada de manera unánime por los grupos del arco parlamentario en diciembre de 2004 y que -coinciden- ha mejorado la situación anterior.

Ha logrado, dicen, una mayor sensibilización ante el machismo y sus consecuencias, las mujeres amenazadas están más protegidas y se han salvado vidas, sin olvidar -apunta Camarero- que subsisten problemas como la saturación de los Juzgados o que entre el 20 y 30 por ciento de las muertas en 2008 denunciaron previamente.

"Lamentablemente la cifra de mujeres muertas no las ha resuelto la ley, pero tampoco confiábamos en ello a corto plazo", indica Olaia Fernández Dávila (Vigo, 1954), quien considera que ahora hay mucha menos violencia, pero más asesinatos porque ya no callan y se enfrentan a sus parejas.

A las cifras todavía demasiados dolorosas de pérdidas de vida, las diputadas contraponen otras cifras esperanzadoras: las denuncias crecen año tras año y hay más de 80.000 condenados por violencia machista desde la entrada en vigor de la norma.

Entre las medidas que estudiarán en la recién creada subcomisión para estudiar posibles modificaciones en la ley de violencia de género, Camarero (Madrid, 1970) sugiere fórmulas para evitar la retirada de denuncias y la reanudación de la relación sentimental.

Pigem también apuesta por conceder valor y eficacia a las declaraciones prestadas por la víctima durante la instrucción del proceso en la comisaría o en el Juzgado y, en consecuencia, no tenga que ratificarse después.

Otro aspecto a tratar -insisten- es que la intervención con las víctimas no parta de la denuncia sino desde el primer momento que se tenga conocimiento del maltrato.

Admiten que la ley ha influido significativamente en el descenso de la violencia y recuerdan que durante su tramitación, en la que el debate se trasladó a la calle y a los medios, se redujo el número de muertes.

Las cuatro terminan pidiendo que el goteo constante de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas no debe anestesiar la sensibilidad de la sociedad ante este problema, que en lo va de año se ha llevado la vida de 59 mujeres.

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