Las damas de Hitchcock

Un autor revela que Hitchcock maltrataba a sus actrices

14.11.2008 | 14:36

Si Alfred Hitchcock viviera hoy en día sería denunciado por acoso sexual. Esta es una de las afirmaciones que Donald Spoto hace en "Las damas de Hitchcock", un repaso a la obra del director a través de sus actrices, entre ellas Grace Kelly o Tippi Hedren, a las que profesó una mezcla de amor compulsivo y desprecio.

Spoto, autor también de "El arte de Alfred Hitchcock" y "Alfred Hitchcock: la cara oculta del genio", llama la atención en este nuevo libro sobre la escasa frecuencia con la que el realizador habló de sus actores -y aún menos favorablemente- a lo largo de su prolífica carrera en la que realizó 53 filmes.

"Los actores son ganado", repitió en más de una ocasión Hitchcock, pudiendo oirse también la mordaz variación: "nunca dije que los actores fueran ganado. Lo que dije es que a los actores hay que tratarlos como a ganado".

Y según desvela Spoto, la afirmación se hizo realidad con muchas de sus actrices, que durante los rodajes tuvieron que soportar la inclinación del realizador por el humor obsceno y la ironía hiriente, en el mejor de los casos, y el maltrato físico y psicológico unido al acoso sexual, en el peor.

La actriz Tippi Hedren, a la que el director lanzó al estrellato gracias a "Los pájaros" y "Marnie, la ladrona", fue quizá quien acusó más "el sádico comportamiento" del realizador, que no dudó en someterla al ataque real de las temibles aves o exigirle que "estuviera sexualmente disponible para él donde y siempre que él quisiera", recuerda la actriz en un fragmento recogido en el libro.

Ni siquiera Ingrid Bergman o Grace Kelly, máximos exponentes de su ideal de mujer, recibieron elogios de un director que -explica el autor- no dudaba en utilizar todo tipo de recursos de mal gusto cuando buscaba "una repentina expresión de consternación ante determinada escena emocionalmente complicada".

"Las damas de Hitchcock" muestra a un director "brillante" y, al mismo tiempo, un hombre "desdichado, solitario, lleno de desprecio hacia sí mismo" que plasmó sus carencias e inseguridades en obras que ya forman parte de la historia del cine.

La obra pretende ser un homenaje a las mujeres que contribuyeron a estos éxitos -y algunos fracasos-, a través de un examen cronológico de sus interpretaciones, desde las primeras encuadradas en el cine mudo británico hasta las que se filmaron bajo el auspicio de Hollywood.

Pero además el autor indaga en la obsesión del cineasta por las "rubias nórdicas" y se detiene a estudiar los cameos de Hitchcock en sus cintas, la relación de éste con guionistas y productores y el papel que jugaba su mujer Alma, "la que llevaba la batuta en aquella relación", según las palabras de la hija de la pareja recogidas en el libro.

Aunque el director "hizo caso omiso a los actores" -resalta Spoto-, Madeleine Carrol, Joan Fontaine, Janet Leight o Marlene Dietrich, Doris Day o Vera Miles tuvieron a su lado a protagonistas masculinos como Cary Grant, James Stewart, Henry Fonda, Gregory Peck o Sean Connery, quienes en más de una película se acabaron convirtiendo en representantes del propio director.

Según Spoto, "Stewart se transformó en lo que Hitchcock se consideraba que era: un teórico del asesinato en 'La Soga' o un apasionado y obsesionado perseguidor de un ideal ficticio e imposible en 'Vértigo'", mientras que Cary Grant "representó lo que al director le hubiera gustado ser: el suave e irresponsable playboy de 'Sospecha' o el héroe inocente que conquista a la seductora Grace Kelly en 'Atrapa a un ladrón'".

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