Casa Blanca

El futuro perro presidencial, un ´asunto de Estado´

08.11.2008 | 11:36

La expectación que ha creado en EEUU la mascota que acompañará a los Obama cuando lleguen a la Casa Blanca es tal que el propio presidente electo lo ha elevado jocosamente a categoría de "asunto de Estado".

En su primera conferencia de prensa, Obama aseguró que "ésta es una cuestión importante" y la verdad es que lo demostró cuando en su discurso de victoria del pasado martes, al dirigirse a sus hijas, Sasha y Malia, habló del perrito que les iba a regalar.

Lo de las mascotas no es nuevo en la Casa Blanca.

Tradicionalmente los presidentes de EEUU han llegado a la mansión de la Avenida Pensilvania con sus enseres y sus fieles mascotas.

En el caso del presidente saliente, George W. Bush, fueron sus dos terriers escoceses, Barney y Miss Beazley, quienes hicieron las delicias de la familia durante sus ocho años en la Casa Blanca.

Barney llegó a ser el protagonista de la felicitación navideña de los Bush, y ha captado la atención mediática hasta el último momento, ya que el día en el que Bush comunicó formalmente al personal de la Casa Blanca el comienzo de la transición, el can mordió a un periodista de Reuters.

Al ex presidente Bill Clinton, por ejemplo, se le veía acompañado de su perro Buddy, un labrador marrón chocolate que competía con un gato llamado Socks (calcetines), propiedad de su hija Chelsea.

Otros presidentes, apostaron por animales más exóticos como los hijos de Herbert Hoover, que tuvieron dos caimanes, aunque parece que los Kennedy fueron los que batieron el récord y convivieron con varios perros, patos, conejos y hasta un pony.

Pero la familia Obama no tiene mascota. De momento, claro, porque Obama prometió públicamente a sus hijas Sasha, de 7 años, y Malia, de diez, un cachorro, y ahora tendrá que cumplir con su palabra.

En los últimos días los foros de internet han hecho todo tipo de especulaciones sobre cual será la procedencia del can y su raza, puesto que hasta ahora todos los presidentes han optado por animales de pura raza, lo que ha provocado la protesta de algunas asociaciones.

"En este país, las personas son muy elitistas y prefieren perros de pura sangre antes que cualquier otro, situación que provoca que millones de perros mestizos mueran abandonados y hambrientos", dijo Ingrid Newkirk, presidenta de la asociación defensora de los animales PETA.

Tampoco faltan foros en los que recomiendan qué raza sería la mejor para las niñas, la más cariñosa, la más dócil, incluso una encuesta realizada por el club canino American Kennel Club ha determinado que el caniche sería el perro ideal para la familia Obama.

Para despejar las dudas, Obama explicó a la prensa que la mascota tendrá que cumplir dos condiciones.

El perro tiene que ser compatible con la alergia de la pequeña Malia y, tanto a él, como a su familia, les gustaría rescatar algún perro abandonado en un refugio de animales.

En esos refugios, dijo, "hay muchos perros de raza cruzada, como yo", haciendo una alusión a su mezcla racial, dado que su madre, estadounidense, era de raza blanca, y su padre, de Kenia, era negro.

O sea, subrayó el presidente electo "tenemos que ser capaces de equilibrar ambas cosas. Creo que este es un problema acuciante en casa de los Obama".

Con esta mascota los Obama quieren contribuir a que sus hijas se sientan agusto en su nuevo hogar, algo que para Michelle es fundamental, para intentar que las niñas mantengan, en la medida de lo posible una vida normal.

Ajenas a la polémica suscitada por la nueva "primera mascota", las pequeñas Sasha y Malia ya estarán pensando en el nombre que le darán a su nuevo amigo, algo que seguro volverá a encender los foros de internet.

De momento, ya hay quien apunta a que se llame "Bark (ladrido) Obama"; "Swing vote", en alusión a los estados clave o los más atrevidos apuntan a que se decida por "Sarah", como la candidata a la vicepresidencia del partido republicano.

Se llame como llame, esta es la primera muestra de que, a partir de ahora, la familia Obama va a ser observada con lupa y puede que la indiscreción de internet convierta en pequeños "asuntos de Estado" hasta sus asuntos más domésticos.

 
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